Espuma, sal y limo

Parecía un Viernes normal, quizá algo mas soleado de lo que el final de un frío invierno podría prometer. Sin embargo el aire barruntaba algo entre los pliegues de las pocas nubes que se atisbaban.

"No es un Viernes normal" se oyó decir a un caminante. "Entonces si no es un Viernes normal por qué no buscamos algo de sosiego" se preguntaron.

El niño de los evangelios

Yo no reparé en ello, sino que concluí con entonación dura: " Y a esto se debe que sea de urgente necesidad que Dios sepa cómo es en realidad el hombre. Congratulémonos de que haya alguien que se lo diga..." La señora vecina no se congratulaba aún : "¿Y quién había de ser, por favor?" "Pues, sencillamente, los niños, y, de cuando en cuando, también la gente que pinta, escribe poesías, construye..." "Construye qué..., iglesias?" "Sí, y también otras cosas, en general..."

El día de mi boda

Recuerdo uno de los momentos más duros y angustiosos de mi gris devenir por este mundo. Estoy soltero, sin embargo hubo un tiempo, hace unos años, en el que estuve a punto de contraer matrimonio. Con Helena, tan bella como la amante de Paris. Y tan peligrosa.

El camarlengo

Tercia la anochecida mientras se esparce un olor a cirio quemado en los aposentos. Y se escucha un entrefrotar de tejidos y prendas de gran longitud. Cajones y carpetas están siendo revisados por unos índices humedecidos que pasan hojas y hojas rellenas de dogmas. Se escuchan susurros de personas como no queriendo levantar la voz para no delatar su presencia.

Brevedades fantásticas

EL HOMBRE se acercó la taza a los labios. Apenas había dado un sorbo al café hirviente cuando uno de sus ojos le resbaló por la mejilla y se sumergió en el líquido humeante. Apurado, dejó la taza sobre la mesa y, agitando los brazos, empezó a gritar: "¡Me quemo, me quemo!"