Areneros

"Mademoiselle Isabel, rubia y francesa,
con un mirlo debajo de la piel,
no sé si aquél o ésta, oh mademoiselle
Isabel, canta en él o si él en esa.
Princesa de mi infancia; tú, princesa
promesa, con dos senos de clavel;
yo, le livre, le crayon, le...le..., oh Isabel,
Isabel...., tu jardín tiembla en la mesa.
De noche, te alisabas los cabellos,
yo me dormía, meditando en ellos
y en tu cuerpo de rosa: mariposa

Abro los ojos

Abro los ojos, y el cielo aún está obscuro.

Una sombra se levanta de mi cama. Pero no puede ser, porque he dormido solo.

Se gira y veo su rostro, y soy yo. Pero no puede ser, porque aún sigo acostado.

Se sienta en el alféizar de la ventana, me mira y se disuelve en la noche.

Ya nunca veré amanecer.
 

Roberto Sánchez

Una historia de verdad

Como cada semestre, el plazo expiraba el jueves de la segunda semana de septiembre, lo que me daba un margen de cuatro días para finalizar con la agonía que acongojaba mi capacidad creativa. Así era siempre el último mes, me despertaba entre delirios de miedo y frustración, por ver que me acercaba al abismo, sin encontrar remedio alguno a lo que me habría de enfrentar.