Ruleta rusa

Revólver, clase de pistola equipada con un tambor que contiene varias cámaras, dentro de cada una de las cuales puede haber una bala. El cargador, de forma cilíndrica, gira alrededor de un eje, con lo que cada cámara se coloca por turno entre el mecanismo de disparo y el cañón.

Son 350 gr de acero descansando sobre tu mano. Ese es el peso del azar. Después sólo queda apuntar, si te apetece, y apretar el gatillo, si puedes.

Día de hoy, a las 20:30 horas

- Quédese el cambio.

Más allá de la orilla gris

Una tarde encaminé mis pasos hacia la ciudad, hacia su ornamentada calle principal. Riadas de humanos de multicolores vestimentas anegaban las aceras de la amplia avenida. Avanzaban mirando al frente, sus ojos atrapados en desconocidas fantasías y deseos que les hacían ignorar lo que acontecía a su alrededor, inmerso cada uno en su propio jardín rodeado de muros infranqueables, como el ogro egoísta del cuento infantil.

Malos tiempos de latón y terciopelo

Vengo de la oficina en el ferrocarril de vía estrecha, dando al transporte público un ligero toque británico. No por el paraguas o el bombín - ni siquiera llevo sombrero, y menos aún bigote; no quiero aparentar la menor afinidad con el régimen-; pero sí por mi traje príncipe de gales y mi camisa corbatera, ambos gris confederado y sin ninguna concesión al género femenino. La corbata, el cinturón y los zapatos negros hacen pensar que soy un viudo de alivio. Quiero pasar desapercibido en la cita del jueves, con los malos tiempos.

 

El pasado del cielo

Desde el momento en que recuerdo algo de mí, ya en el principio, pululaban por mi alma algunas pocas palabras que se presentían o se presentaban en mi vida, como por delante de la vida misma. Me vi ciertamente obligado a buscar, a saber y quizá solamente a trasmitir algún retazo de ellas; pero, sobre todo, a ser testigo y a prestar testimonio de las mismas, en una pequeña medida - sí, pequeña-, lo que puede llegar a ser el baldón de la tarea.

Crimen sin castigo

- ¡Por favor, no deje de leer! ¡Necesito su ayuda. Quieren asesinarme! Sí, estoy hablando con usted, con quien está leyendo estas líneas. Comprendo que le sorprenda una petición de auxilio tan intempestiva, pero debe creerme. ¡No trate de pasar la página! Le recuerdo que denegar socorro es un delito. ¡No dudaré en denunciarle!

Vengo siendo víctima de la persecución de un maníaco desde hace semanas. Es alguien a quien conozco bien. Le ha hechizado una joven y, como es habitual en él, no puede zafarse de esa obsesión.

Ana

Reconozco que soy un punto morboso, hasta tal extremo que podría tachárseme de lo que los franceses llaman "voyeur". Mi amigo Paco, manchego cabal, de sencilla condición, sostenía que este tipo de desviaciones procedían del cosquilleo que pasea por el finisbarriga y este "asuntillo" mío no podía ser menos.

Agencia de investigación

El hombre camina despacio, la cabeza inclinada, los ojos fijos en una imagen perdida. Sus zapatos golpean los adoquines de la calle, y el sonido de los pasos se esparce en ecos, que reverberan en los edificios de alrededor. Es un hombre alto, de unos cuarenta años. Pelo entrecano, rostro agraciado que un gesto de preocupación endurece. Una gabardina de color oscuro, indefinido, oculta su cuerpo.

Pacharán de latón y terciopelo

Vengo de la oficina paseando por la Gran Vía, dando a la avenida un ligero toque británico, con paraguas y bombín, traje príncipe de gales cruzado, cuello duro y corbata de terciopelo bermejo. Incluso los edificios del Ensanche, aunque un poco tiznados de carbonilla, empiezan a parecerme victorianos y me guían hasta la plaza del Café, donde el sobrio y broncíneo caballero medieval empieza a transformarse en un ligero Cupido.

- Dosirrédosiiii redó. ¡Afiladoooor, cacharrero, paragüero!. Dosirrédosiiiii redó.