Juana Vázquez

A Ismael Rojas y Eduardo Riestra

Pasábamos mucha, muchísima hambre. No quedaba pan ni forraje, y las culebras desaparecieron tras las primeras nieves. En el viejo molino vivía una viuda; tropezó al bajar al arroyo y se partió la nuca. Era todo pellejo, cartílago y hueso, pero peor es no comer nada.