No nos despidamos, señor Olmo

Enviado por maestresala el Mié, 08/09/2021 - 12:44

Don Celes

Era su andar el de una hoja sobre la acera. Llegaba apenas levantada la persiana. Decían que fue marino. O camionero. De ahí el madrugar. Nunca supimos la verdad. Su conversación se limitaba a dos frases. Señalaba el fondo de la barra donde estaba El Correo y se iba a la última página. Don Celes. Después las esquelas. Y mirándolas, exclamaba: «No estoy. Ponme un vino». Tres tragos y salía al mundo. Un día dejó de venir. No busqué esquelas. Acudí a Don Celes. Tras verlo, sonreí y brindé por el hombre con andares de hoja. Hoy lo he vuelto a hacer. Era la mejor forma de asumir el adiós de Don Luis.

Llevaba años sacando la lengua a la de la guadaña. Parecía eterno. Y lo es. Todo final puede ser principio. Millones de personas, tantas como generaciones, siguen sus viñetas, han arrancado el periódico y el día por detrás. Primero Don Celes, luego lo demás. Por eso no puedo despedir a Don Luis. O al señor Olmo, como le susurré al ser presentados. Como toda conversación interesante, no trató de nada importante. Salvo de su resistencia a un adiós que avistaba desde los anillos de roble camino de la centena. No tenía intención de soltar el lápiz, y hacía bien. Le confesé que durante los años de pupitre algunos recorrimos Bilbao con una hucha para los negritos de África y los chinitos de China, donde aparecía Don Celes bajo un cartel de Txomin Bank, entidad creada por el padre Scheifler. Olmo recordó entonces que su personaje nació por una colecta para las Hermanitas de los Pobres, organizada por La Gaceta a través de la Miscelánea de López Becerra, alias 'Desperdicios'. Sus amigos le sugirieron acompañar el donativo con un dibujo, copió la figura del profesor Nimbus, que aparecía en el periódico, y eso llamó la atención del director. Así vino al mundo un personaje publicado en todos los continentes, casi siempre bajo el nombre de Carlo. En Francia le llaman Troispoils. Tres pelos. Detalle clave. No puede aparecer frontal. Lo hace de perfil y casi siempre hacia la derecha. Aunque de eso ya hablarán otros. Nosotros lo haremos del hombre.

No está claro dónde nació Asterix, pero Don Celes lo hizo en Santutxu, para convertir Bilbao en aldea invencible. Por ella extendió su padre la tinta. No solo para dibujar. También para crear una columna en prosa de pequeñas historias. Cronista y escriba, ofrecía mucho más que artículos costumbristas. La corrección es invento de ahora. Olmo era como su 'alter ego' de borde negro y chaqueta roja. Dispuesto a dejar huella. Por eso recuerdo aquella conversación. Faltaron cosas por hablar. O no. Nadie ha contado tanto en rectángulos sin palabras. Demostrando que no siempre hacen falta. A veces basta un gesto. Como hoy. Tras comprar EL CORREO he entrado en un bar y lo he colocado sobre la mesa. No he mirado las esquelas. Solo la última página. Allí estaba. Luis del Olmo Alonso y su Don Celes. Porque los grandes nunca se van. Queda su legado. El suyo está muy claro. Todo final puede ser buen principio. Que le vaya bonito en este nuevo arranque. Y, ya puestos, dibuje donde esté ángeles de perfil, sin rizos y con tres largos pelos.

 

Jon Uriarte

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