Siempre que me levanto
le echo un pulso a la vida.
Me cubro de colores
pongo Vivaldi a todo volumen
estreno carcajadas largas y sin aliento
me tomo dos cafés con tostadas
de pan recién salido del horno del vecino
con las uñas pintadas de un rojo de amapola.
Siempre que me levanto
bailo por las esquinas de la casa
pongo flores de aroma en el despacho
me cubro de abalorios
con los ojos pintados al estilo oriental
y maquillaje de ese dorado
que da luz a los pómulos y brillo a la mirada.
Pero todo es en vano cuando en pasos de baile
me topo con espejos
y se me cae la máscara.