Nuestra revista

“—¿Y dónde está esa ínsula? —preguntó Ricote.
—¿Adónde? —respondió Sancho—. Dos leguas de aquí, y se llama ínsula Barataria.
—Calla Sancho —dijo Ricote—, que las ínsulas están allá dentro de la mar, que no hay ínsulas en tierra firme.”

Perito en lunas (recordando a Miguel Hernández)

Enviado por maestresala el Sáb, 29/05/2010 - 21:30

Dieciocho de marzo de dosmil diez

Queridos amigos,

 

se cumplen algunos años del nacimiento de Miguel Hernández y lo oigo en el parte y me acuerdo que hace varios meses que no reviso el Cancionero y Romancero de Ausencias (salvo la Elegía a Ramón Sijé, su mejor libro, el mas profundo, descarnado y sincero -aunque esto ultimo en Miguel es Perogrullo-) y voy y abro el poemario y me encuentro con esto que con cariño os reproduzco:

“Una fotografía.
Un cartón expresivo,
envuelto por los meses
en los rincones íntimos.
Un agua de distancia
quiero beber: gozar
un fondo de fantasma.
Un cartón me conmueve.
Un cartón me acompaña”

...y me pregunto porque me dejo llevar por ese río y sobre todo me pregunto porque esperar tanto...

Con cariño

Joseba

 

 

Veintitres de abril de dosmil diez

Queridos amigos,

esta mañana al salir del bar en el que había engullido un apetitoso desayuno (el despertador sonó a destiempo esta mañana o quizá no sonó o acaso no tengo despertador, no sé, dudo) atisbé un jovenzuelo fumándose un portentoso canuto a las 8,30h de la mañana. Pensé que hay gente que usca la evasión que producen los estupefacientes desde buena mañana y que por tanto debo colegir que no les interesa lo que están viviendo y por eso tratan de huir para flotar en esos mundos que dicen que se abren tras esos cilindros de esperanza vacía. Pensé que el cura de Ambicourt también se evadía, utilizaba la picadura de su fe en un Dios silencioso para evadirse de un mundo que no le gustaba pero al que debía amar (y acaso lo consiguió). Pensé en ambas drogas evasivas y me opté por la segunda, la de la esperanza eterna, la del sentido objetivo pero no la encontré en mi maletín así que me fui a trabajar para no pensar o para pensar en cosas inútiles. Y todo por no tener un poquito de costo.

Antes de llegar a la cafetería que os contaba escuché en la radio una noticia que relataba la concesión del premio Cervantes a Jose Emilio Pacheco y pensé, estos grandes premios son para poetas a los que no lee nadie. Es curioso. Otro tipo de canutos, me dije. Pero me pico la curiosidad una frase que la monótona voz del redactor de turno desplazado donde quiera que conceden los Cervantes, repitió hasta la extenuación, Pacheco el poeta de la cotidianeidad y busqué sus poemas en la red y he de admitir que son bellos, no sé si son cotidianos (tampoco sé que significa esa palabreja), pero son bellos. Y sino comprobadlo vosotros mismos al final de esta gris cartita.

También me gustaría conocer vuestra opinión sobre el significado del siguiente y hermético poema de Miguel Hernández. Haced un esfuerzo y desentrañadmelo, Hacedlo por mi, caros.

Primero el de Pacheco :

En el último río de la ciudad, por error
o incongruencia fantasmagórica, vi
de repente un pez casi muerto. Boqueaba
envenenado por el agua inmunda, letal
como el aire nuestro. Qué frenesí
el de sus labios redondos,
el cero móvil de su boca.
Tal vez la nada
o la palabra inexpresable,
la última voz
de la naturaleza en el valle.
Para él no había salvación
sino escoger entre dos formas de asfixia.
Y no me deja en paz la doble agonía,
el suplicio del agua y su habitante.
Su mirada doliente en mí,
su voluntad de ser escuchado,
su irrevocable sentencia.
Nunca sabré lo que intentaba decirme
el pez sin voz que sólo hablaba el idioma
omnipotente de nuestra madre la muerte.

Y ahora Hernández :

Monja Confitera

La gala de la luz, a lo cohete
en el poliedro de la vidriera...
Una virgen constante, confitera,
ay, sustraendo Dios, pellas comete.
Al almidón su mano da en roquete
o por lo que se riza, o por lo cera;
de primor cuando hiñe se propasa,
cuando repulga la que emula masa

Con cariño,

Joseba

 

Veintiseis de abril de dosmil diez

Queridos amigos,

efectivamente habéis acertado, el titulo Monja Confitera es la solución. Orihuela tiene multitud de iglesias y conventos y Hernández en la época en que escribió estas octavas, aun conservaba veleidades católicas. El cohete es la torre de la iglesia (gala de luz) la virgen constante es la monja que modela dulces y los pringa con cremas y mientras no ora aunque si labora, no sabemos si no ora porque labora o quizá prefiere labora porque el ora le desazóna en su silencio sagrado. Nuestra amiga la monja también aplica almidones a sobrepellices y roquetes, todo con un primor de claustro.
Endecasílabos ABBAABCC acentuado en la décima que resultan bellos en su arcaísmo.

Este segundo poema de Perito en Lunas de Hernández os lo ofrezco sin titulo, para que lo encontréis y lo disfrutéis en su intriga.

¡A la gloria, a la gloria toreadores!
La hora es de mi luna menos cuarto.
Émulos imprudentes del lagarto,
magnificáos el lomo de colores.
Por el arco, contra los picadores,
del cuerno, flecha, a dispararme parto.
¡A la gloria, si yo antes no os ancoro,
-golfo de arena,- en mis bigotes de oro!

Con cariño

Joseba

 

En la víspera de Navidad

» Día de Navidad (Humanismo. La "realidad" de la Navidad es subjetiva. Sí, en mi ser. La emoción, como vino, ha pasado. Pero durante un momento he convivido con las esperanzas y las emociones de generaciones innumerables, con las imaginaciones muertas de todo un linaje muerto de místicos. Navidad en mí).

Fernando Pessoa