El poeta
Antes de ser hombre, fue un árbol. Un árbol bueno, donde amanecían primaveras y atardecían esperanzas. Un árbol firme, empeñado en colmar el hambre de los niños, en servir de cobijo a los pajarillos, en guardar los secretos de los amantes, en precipitar lluvias de lágrimas salvíficas, en promocionar jardines de libertad y en ulular sueños. Un árbol de excelente maderal colmado de fantasías que le tenía miedo al leñador y al fuego.





