La tertulia
Se habían convertido en una auténtica institución. Sentados en aquella mesa del fondo, junto al ventanal que daba a la calle principal que desembocaba en la plaza del castillo, pasaban la tarde frente a un café granizado que se derretía invariablemente y una copita de ojén desvaído de la que nunca parecían beber. Sus ojos de mirada acuosa contemplaban el discurrir cansino de las horas a través del cristal de la cafetería, esperando la llegada taciturna del ocaso, anunciado con paseos de verano que olían a bronceador y colonia de lavanda.

