Una tarde de sol

Una tarde de sol y nubes como algodones cayendo sobre nosotros. Como turistas, nos habíamos hecho fuertes en una terraza de la ciudad expandiéndonos en risotadas y retruécanos. La sonrisa del Presidente era el sol de nuestra paella veraniega, y de nuestros ojos alegres. Repartía el fragante arroz salpicado de marisco con cucharón, amable y risueño, con placer, como si el mundo nunca fuera a acabarse ni tampoco aquel ágape en plena canícula. Desde antaño no asistía a nuestros banquetes pero hoy era distinto porque su esposa estaba de viaje.

La fotografía

El niño miraba la fotografía. Era preciosa con sus tres figuras perfectas, su padre, imperial, perfilando la escopeta, apuntando al clavo mágico, al flash deseado; a un lado su hermano, feliz y relajado, al otro él, concentrado, serio, sintiéndose responsable del éxito de la aventura, el único posible. Con la mano derecha en el cuello, en un gesto instintivo reconcentrado, dibujando la tensión del momento.

La billonésima parte

Dos hombres que parecían igualmente pobres hablaban bajo la atenta mirada de un extranjero en el callejón de una ciudad perdida.

–Te ofrezco este pan.

–Te entrego la mitad de lo que no tengo por él.

–¡Es demasiado! Apenas si vale una billonésima parte de lo que no tienes.

–Trato hecho.

El extranjero se marchó riendo del lugar. Unas semanas después, cuando volvió a ver al que había vendido su pan, lo descubrió en un auto lujoso entrando a una mansión. Fue hasta él y le dijo:

Investigador de espectros

Cuando pasé a las órdenes del Prefecto, la sensación primordial fue la de ingresar en un mundo inquietante. Debido al ambiente en el que me sumergí en poco tiempo y por el efecto que tuvo pues empecé a interrogarme sobre mi propia existencia y sus últimos principios. Pero ahora la batalla de todo lo que me rodeaba se internaba en mi psique y me afectaba directamente. Se podría pensar que uno es capaz de separar su propio ser de lo que a uno le rodea. También lo creía yo así hasta hace muy poco. Mas en el comienzo de esta nueva etapa me desengañé.

El ratón

Dijo una abadesa a una novicia:

–No pienses como mujer. No vivas como mujer. No sueñes la quimera de la felicidad. No creas en el conocimiento de la verdad. No leas más que los libros de oración. No dejes de rezar. No te veas desnuda en el espejo. No hables con las otras novicias de tu pasado. No recuerdes tu vida anterior. No te ocupes más que de aquello que se te ordena. No rías abiertamente. No dejes de llorar por tu impiedad.

El decimotercer trabajo

A la muerte de Hércules, los Dioses le dieron la bienvenida entre ellos. Le preguntaron cómo había llegado a superar las Pruebas, a consumar sus Trabajos. Hércules respondió:

–Comencé por preguntarme cómo sería el ser uno de vosotros.

–¿Así conseguiste vencer en las Pruebas?

–En las primeras. Entonces me pregunté cómo sería el ser vosotros sin dejar de ser uno mismo.

–Y así venciste en las últimas Pruebas.

Hércules alzó su espada y dijo:

El Avenida

El dueño del Avenida refiere que siempre fue barman, camarero, maître o pinche de cocina y todos le creemos a pies juntillas, sino es difícil imaginar un hombre de a pie con esa memoria para las costumbres gastronómicas de la cátedra o con ese eterno terno de luto en las terminaciones queratinosas de ambas manos.