Segunda muerte de Julio Cerón


Con furia transpapelaría nuestras vidas
a la mancha enorme de los cuerpos,
donde amarte me cubriera
como el mar se cubre a sí mismo,
por entero.
¿Cuáles son los límites de la tarde
sino la anchura desmedida de las costas?
Txabi Etxebarrieta

Queridos amigos,

No nos echemos tierra a los ojos
El automóvil es una silla de ruedas
El león está hecho de corderos
Los poetas no tienen biografía
La muerte es un hábito colectivo
Los niños nacen para ser felices
La realidad tiende a desaparecer
Fornicar es un acto diabólico
Dios es un buen amigo de los pobres.

Usando un escáner Gregory Berns y sus colegas de la Universidad de Emory han identificado que leer aumenta las conexiones entre las neuronas de la corteza del lóbulo temporal izquierdo, un área asociada con la comprensión del lenguaje, y el surco central del cerebro, una región asociada a sensaciones y movimientos.
Y la sorprendente conclusión de esto último es que leer novelas realmente nos transporta. Dicho de otro modo, el estudio corrobora que con un libro entre las manos experimentamos en nuestro cerebro sensaciones físicas y de movimiento que son idénticas a la que vive el protagonista de la historia narrada.
Y el resultado, según Berns, es que las novelas que leemos a lo largo de la vida "le dan forma a nuestra mente y, en algunos casos, pueden llegar a definir a una persona".
Eso sí, conviene tener en cuenta que el libro que eliges influye en cómo se transforma tu órgano pensante. Si la novela es surrealista, por ejemplo, la lectura nos vuelve más inteligentes.
Travis Proulx lo demostró en un experimento en que la mitad de los sujetos leían una obra de Franz Kafka titulada Un médico rural, en la que se suceden acontecimientos bastante disparatados. Para comparar los resultados, a otros compañeros les entregaban una versión diferente del mismo relato que había sido modificado de tal forma que todo cobraba sentido. Cuando, a continuación, se les propuso a todos resolver un ejercicio de gramática, los científicos comprobaron que quienes habían leído el original de Kafka resolvieron con puntuaciones mucho más altas.
Por otra parte, si optas por leer literatura de ficción en lugar de otro tipo de obras, tu pensamiento se vuelve más creativo y menos rígido, lo que te ayuda a tomar mejores decisiones y a tener la mente más abierta, según una reciente investigación de la Universidad de Toronto (Canadá).
A estas ventajas de la lectura hay que sumarle que basta con dedicar seis minutos a leer una novela para que nuestros niveles de estrés se reduzcan hasta un 68%. Por si esto fuera poco, cuantos más libros lees mayor es tu empatía, es decir, tu capacidad de ponerte en el lugar de los demás, tal y como concluía un estudio de la Universidad de Búfalo (EEUU), que también asegura que leyendo nos sentimos más conectados socialmente, más satisfechos con nuestra vida y de mejor humor.
Asimismo, son numerosos los estudios recientes relacionan el nivel de lectura con un aumento de lo que se conoce como "reserva cognitiva", un concepto que ha cobrado una gran importancia "no solo porque se ha visto que existe una relación directa entre la misma y el buen funcionamiento cognitivo y ejecutivo de nuestro cerebro cuando envejecemos, sino porque se ha demostrado que es un factor protector ante los síntomas clínicos de las enfermedades neurodegenerativas”, tal y como asegura Guillermo García Ribas, Coordinador del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN).
De hecho, se ha comprobado que cuanto mayor reserva cognitiva posee un individuo, mayor capacidad tiene su órgano pensante para compensar el daño cerebral generado por ciertas patologías como el alzhéimer.
A la vista de estos resultados nos sobran los motivos para parafrasear a Mario Vargas Llosa y afirmar que, posiblemente, "aprender a leer es lo más importante que nos sucede en la vida".
Elena Sanz

Del agua surge la verdura densa;
De la verdura.
Como espigas gigantes, las torres
Que en el cielo burilan
En plata su oro.
Son cuatro fajas:
La del río, sobre ella la alameda.
La ciudadana torre
Y el cielo en que reposa.
Y todo descansando sobre el agua,
Fluido cimiento,
Agua de siglos,
Espejo de hermosura.
La ciudad en el cielo pintada
Con luz inmoble;
Inmoble se halla todo,
El agua inmoble,
Inmóviles los álamos,
Quietas las torres en el cielo quieto.
Y es todo el mundo;
Detrás no hay nada.
Con la ciudad enfrente me hallo solo
Y Dios entero
Respira entre ella y yo toda su gloria.
El tiempo se recoge;
Desarrolla lo eterno sus entrañas;
Se lavan los cuidados y congojas
En las aguas inmobles,
En los inmobles álamos.
En las torres pintadas en el cielo.
Mar de altos mundos.
El reposo reposa en la hermosura
Del corazón de Dios que así nos abro
Tesoros de su gloria.
Nada deseo,
Mi voluntad descansa,
Mi voluntad reclina
De Dios en el regazo de su cabeza
Y duerme y sueña...
Sueña en descanso
Toda aquesta visión de alta hermosura.
¡Hermosura! ¡Hermosura!
Descanso de las almas doloridas,
Enfermas de querer sin esperanza.
¡Santa hermosura.
Solución del enigma!
Tú matarás la Esfinge,
Tú reposas en ti sin más cimiento;
Gloria de Dios, te bastas.
¿.Qué quieren esas torres?
Ese cielo ¿qué quiere?
¿Qué la verdura?
Y qué las aguas?
Nada, no quieren:
Su voluntad murióse;
Descansan en el seno
De la hermosura eterna;
Son palabras de Dios, limpias de todo
Querer humano.
Son la oración de Dios, que se regala
Cantándose a sí mismo,
Y así mata las penas.
Miguel Unamuno
Nos hacemos fuertes en nuestro flamante apartamento del Hotel La Reserva de Cuatro Calzadas, como un hombre solo. Desde su terraza acaso podamos contemplar la sobriedad de los paisajes castellanos, charros en este caso cuya monotonía no cansa, frente a los paisajes de postal que, como la música pegadiza "empachan pronto" (del diario de excursiones de la LTLG-5 de septiembre de 2014).

A veces cuando la noche me aprisiona
suelo sentarme frente a una cabina
telefónica
y contemplo las bocas que hablan
para lejanos oídos.
Y cuando el hielo de la soledad
me ha desvenado, los barrenderos moros
canturrean tristemente
y las estrellas ocupan su lugar,
yo acaricio el teléfono
y le susurro sin usar monedas.

Lo que ocurre aquí no es un problema de palestinos únicamente, sino de todo el género humano.