150 aniversario del nacimiento de don Miguel

Queridos amigos,
El lunes de una manera inopinada y con el ruido del referéndum catalán llenándolo todo se conmemoró el ciento cincuenta aniversario del nacimiento del bueno de don Miguel. Este corresponsal que os escribe se acercó, en justa correspondencia a la tradición inveterada, por la ofrenda floral a la testa hirviente del intelectual modelada por las manos de Victorio Macho. También como la tradición manda este exiguo evento comenzó antes de su hora y quien os escribe acabó por asistir en modalidad interruptus al mismo. La representación institucional leyó una contenida semblanza del pensador vasco y acabo por mentir al transformar la conocidísima respuesta de Unamuno al manco Millán “vencer no es convencer” por aquella mas política de “venceréis pero no convenceréis”. Como novedad respecto a anteriores ediciones asistieron el rector de la Universidad de Salamanca y copatrocinador de los actos del aniversario y dos nietos de don Miguel, uno de los cuales representaba la viva demostración de las teorías de Mendel (os adjunto documento grafico como ejercicio de agudeza visual). Delante de la ocre cabeza flores, banderas y un par de alabarderos que dieron colorido al actito una mañana sur. Os pego fotito para vuestro solaz, si así fuera.
Minutos después y sin la presencia del que esto suscribe se inauguró oficialmente (ya que al publico sería solo a partir del martes 30 de septiembre) la más que interesante exposición “Unamuno y la fotografía” que se puede visitar en el Museo Vasco precisamente en la plaza Unamuno.
Ya por la tarde, en jornada continua me acerqué a la imponente biblioteca de Bidebarrieta a escuchar a un erudito y dos ancianos y tiernos traductores del autor de la calle de Ronda. El erudito, profesor de la Universidad del País Vasco, entonó con voz de tenor un elevadísimo discurso sobre la obra poética de don Miguel del que me quedé con seis términos inescrutables que inevitablemente he olvidado. Cedió la palabra a un ancianito francés perteneciente a Euskaltzaindia y especializado (entre otras muchas) en la traducción de los poemas de Unamuno al euskera. Habló de la cuadratura del círculo que supone semejante tarea de titanes y nos regaló tres ejemplos en forma de tres poemas. Recuerdo que se detuvo en la explicación de uno de ellos o como un cochino ha de acabar siendo burro para el bien de la expresión poética unamuniana en la vernácula. Cerró la sesión una señora rumana que ha dedicado su vida intelectual a la traducción de los poemas de don Miguel. Tierna, emocionada, sacando fotografías a la audiencia fue lo mejor de la tarde. Explicó que Unamuno es un intelectual muy admirado en aquel país y que en vida se carteó y frecuentó a muchos intelectuales rumanos. Parece ser que se le resistía el idioma a pesar de dominar más de siete lenguas. Afirmaba que pese a parecer latina era más bien eslava y de difícil acceso para los consumidores de romance.
Me quedé con algo que creía intuir, que la modernidad de don Miguel está en su senectud; en la controversia, en la discrepancia, en la incongruencia de su identidad externalizante, creo.
Acabo la conferencia (gustosa y ligera a pesar de la complejidad de los pensamientos) con una lectura de algunos de sus poetas. Mas que lectura diría yo dramatización ya que los dos oradores se antojaban mas actores que recitadores cosa que, en mi modesto entender, no acompaña a la descarnada, amusical y existencialmente esencial poética de don Miguel, permítanme esta pedantería. Os pego debajo uno de los, a mi parecer, más profundos.
Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes
a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes.
¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande
para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras
Loa a don Miguel, loa a su pensamiento uno y ciento, completo y disperso, antes en el infierno que muerto.
Con cariño,
J.