La abolición del hombre

Enviado por maestresala el Vie, 26/09/2014 - 23:33

Hemos estado intentando, como el rey Lear, jugar en dos frentes : entregar nuestras prerrogativas humanas y, al mismo tiempo retenerlas. Y esto es imposible. O somos espíritus racionales obligados a obedecer siempre los valores absolutos del Tao, o bien somos mera materia a amasar y moldear según las apetencias de los amos, quienes, por hipótesis, no tienen otro motivo que sus impulsos "naturales". Sólo el Tao proporciona una ley humana de actualización común a todos, ley que abarca a legisladores y a leyes a un tiempo. Una creencia dogmática en un valor objetivo es necesaria  a la idea misma de una norma que no se convierta en tiranía, y una obediencia que no se convierta en esclavitud.
No estoy pensando aquí exclusivamente, ni siquiera principalmente , en quienes son por el momento nuestro enemigos públicos. El proceso que, de no ser revisado, llevaría a la abolición del Hombre se extiende deprisa tanto entre comunistas y demócratas, como entre fascistas. Los métodos pueden diferir (en un primer momento) en el grado de brutalidad. Muchos científicos con anteojos y mirada candorosa, muchos actores populares, muchos filósofos aficionados entre nosotros tienen la misma significación de cara a la Larga Carrera que los legisladores nazis de Alemania. Los valores tradicionales deben ser menospreciados y la humanidad se debe adaptar a un molde fresco hecho a voluntad (voluntad que debe ser, por hipótesis, arbitraria) de algunos pocos afortunados de entre una generación afortunada que han aprendido cómo hacerlo. La creencia de que podemos inventar "ideologías" a placer, y el conseguiente trato que se le da a la humanidad como meros especímenes, como amasijos, llega a  afectar incluso a nuestro lenguaje. Ayer matamos a los hombres malvados : ahora acabamos con los elementos insociables. La virtud se ha convertido en integración, y la diligencia en dinamismo, y los chicos que parecen dignos de consideración son "potenciales funcionarios". Lo más digno de todo, las virtudes de la prudencia y la moderación, e incluso la inteligencia ordinaria, es resistencia al mercado.
El verdadero signifcado de lo que hay en juego se ha ocultado con la utilización del Hombre abstracto. No es que la palabra Hombre sea necesariamente una abstracción. En el Tao, enla medida en que permanecemos en él, nos damos cuenta de que la realidad concreta en la que participamos es la de ser verdaderamente hombres : la voluntad real y común y la razón común de la humanidad, viva, creciendo como un árbol y buscando nuevas direcciones -según las circunstancias- de expresión de los bello y aplicación de lo digno.

C. S. Lewis