Samuel Beckett en Dublinesca


La civilización no consiste en exportar mucho, ni en caminar de prisa, ni en escribir con ortografía. Consiste en la dulzura de las costumbres, en el amor y en la tolerancia, en la elevación nativa de los sentimientos y de las ideas.
Dichoso el día en que ni la fortuna ni la miseria se hereden.

Nosotros estuvimos allí y fue gratificante, enriquecedor ...

Hay rostros con un fondo de tristeza que son como una prueba viviente de que la felicidad existe y de que la conocieron.