Morir, qué tentación

Mi alma se siente angustiada en el mundo. Rodeada de espectros. ¿Son enemigos? ¿Son demonios? ¿Son simples mortales, instrumentos inconscientes de poderes ocultos? Mi alma presume de fuerza. Procurará salvar los obstáculos. Esas brumas que le impiden bogar por cielo despejado. Para reptar contra corriente debe hacer un esfuerzo inaudito... le falta aliento, los cauces se estrechan, el líquido se vuelve cada vez más denso... habrá que abrirse paso con un cuchillo... hasta las guijas del fondo se han hecho puñales y el fango aprieta sus pies. Señor, Señor, ¿por qué te molestaste sacándome de que me ahogara indefectiblemente en la corrupción del mundo?
Maravíllome de tu predilección y avergüénzame pensar que sólo tengo una vida que entregarte.
Dios y Señor mío. ¡qué inmenso deseo de escalar hacia Ti! ¡Y qué dejarlo todo! ¡Y qué ansias de hundirme en tu costado, en la ya seca lanzada de tu costado!
Elías Amezaga