Una tarde de sol
Una tarde de sol y nubes como algodones cayendo sobre nosotros. Como turistas, nos habíamos hecho fuertes en una terraza de la ciudad expandiéndonos en risotadas y retruécanos. La sonrisa del Presidente era el sol de nuestra paella veraniega, y de nuestros ojos alegres. Repartía el fragante arroz salpicado de marisco con cucharón, amable y risueño, con placer, como si el mundo nunca fuera a acabarse ni tampoco aquel ágape en plena canícula. Desde antaño no asistía a nuestros banquetes pero hoy era distinto porque su esposa estaba de viaje.

