Making a Good Thing Better

Enviado por maestresala el Sáb, 16/05/2015 - 17:06

Aquella noche, yo era el chaval más feliz del mundo. Paseando junto a mi padre por la Gran Vía madrileña, no dejaba de pensar en la suerte que tenía. Mientras que al día siguiente mis compañeros de colegio tendrían que soportar otra aburrida jornada escolar con los Jesuitas de Pamplona, yo disfrutaría de un día de vacación en la capital.

1440 minutos

Enviado por maestresala el Sáb, 16/05/2015 - 16:51

El olor a cadáver es inconfundible, dicen los que sin remedio han velado muertos de cuerpo presente.

La criada, de un riguroso luto como los cuervos, a quien el inmaculado blanco de su cofia y sus puños conferían dimensión humana, salió apresuradamente de la oscura estancia de su señora, para dirigirse al teléfono del rellano junto al dormitorio. Ni siquiera le temblaba la mano al marcar aquel número, aprendido los últimos meses, ni tampoco la voz cuando anunció al médico al otro lado del auricular:

Así será

Tirotearán las placas de las calles, las arrancarán y luego las arrojarán bajo las cadenas de los tanques. A los pocos días también borrarán el nombre de la ciudad. Y bastará eso para matarla, porque las ciudades son como los dioses, que mueren cuando sus fieles olvidan cómo invocarlos. Y ya nadie querrá continuar viviendo allí, y pronto sus avenidas se cubrirán de polvo y huesos, sus edificios se derramarán en escombros y solo habrá silencio.

El padre Jacinto

No recuerdo como se llamaba, acaso Nicol o Serena. Posaba en una playa de esas de arena blanca, imposible. Al fondo detrás de su magnífica persona, tan blanca como la arena, dos palmeras parecían combarse al viento reproducción impecable del movimiento lubrico de su cuerpo, en especial de su poderosa pareja. Era imposible, os lo juro, no dejar volar la imaginación con aquella diosa y con ella, la imaginación digo, otras partes más corpóreas.

El pajarillo

Un pajarillo de negra figura en mi hombro se posó atrevido y, luego, al oído me susurró un grave ruego, con su triste trino de desventura:

“Porque es fruto de la humana factura la cruz eterna del infernal fuego, no vivas la vida como si un juego fuera de pasiones y de locura…

…Es la fe la humildad de la razón, es el alma la que fuerte palpita y no los latidos del corazón.”

Fue así, ¿no?

El gobernador apoyó las manos en la balaustrada e inclinó el cuerpo hacia adelante como si quisiera saltar sobre la multitud. Durante unos segundos un silencio expectante se solidificó en la plaza, todos los allí presentes contuvieron el aliento mientras rezaban para que saltara de verdad. Justo debajo del balcón los dos reos elevaron la vista en espera de las palabras del romano. A un lado el tal Jesús, quien se proclamaba rey de los judíos. Al otro un ladrón cubierto de harapos, suciedad y costras, indiferenciables unos y otras.

El último saludo

Se apoyó con cuidado para comprobar la resistencia de la silla. Estaba coja y su madera era toda una cacofonía de crujidos sincopados. Maldijo entre dientes porque no se le había ocurrido limpiar antes el asiento con el pañuelo; ahora tendría los pantalones pringados con la mugre de aquel sórdido hotelucho de paredes desconchadas adonde había ido a parar. Cerró los ojos un momento y trató de relajarse. Ya solo tenía que esperar a Heidrich y Jenna. Palmeó la colcha de color indefinido que cubría la cama.

Sueños rotos

La noche avanzaba. Sor Severina, presa del insomnio, evocaba segundo a segundo los instantes que pasó en compañía de sus exalumnas durante la sobremesa del último día que estuvieron juntas. Desgranaba los recuerdos con inusitada excitación. En ese momento rememoraba cómo miraba emocionada a las dieciséis jóvenes sentadas alrededor de la mesa que presidía.

Ahí es nada

Enviado por maestresala el Vie, 08/05/2015 - 10:01

En treinta años, en España, hemos pasado de los ejercicios espirituales en el colegio de curas al coaching empresarial (es decir, a los ejercicios espirituales del Gran Espíritu Capitalista). A muchos eso les parece un progreso indudable.

La religión se sustituye por tecnología, y la politica por marketing. El resultado es el degradado y degradante desastre que constituye nuestro presente.