Carne de cecina

—Jodía niebla.
Protestó Manolo Arguillés mientras intentaba otear algo en el horizonte. No había manera.
Alrededor del pequeño bote salvavidas todo era niebla. Ese manto lechoso y espeso les tenía tan desorientados que eran los salpicones de agua salada los que les hacía recordar que estaban en medio del mar.

Microcosmos

Le dijo la raíz al clavel del aire: ¿Cómo se ve el mundo desde tan arriba, hermano?

El clavel sorprendido por aquella voz ronca que le hablaba desde la tierra, se desperezó lentamente y contestó con recelo: ¡Que pregunta más estúpida!, ¿cómo se va a ver? Como es; amplio, distante, empapado de bruma e inasible.

La última oración

Enrico Falcone no pestañea dos veces antes de girarse para salir por el portón de la iglesia. No quiere tener nada que ver ni con Bianchini ni con nadie de esa familia rival. Saca un pitillo y un pequeño mechero metálico que ansía sin éxito imitar el lustre de la plata, pero lo guarda y acaba encendiéndolo con una cerilla. Le da tiempo a preguntarse por qué sigue llevándolo en el bolsillo. Él siempre ha sido muy tradicional.

Las dos armas secretas de Julieta Paredes

Siempre que el muy marrajo se arrimaba a mi continente ardiente y en estado perpetuo de ebullición, a veinte centímetros, a veinte metros o a veinte kilómetros, aunque apenas me mirara y ni siquiera me rozara con el revés de su mano ampulosa la punta más insensible de mi codo, aunque no me hablara ni me repasara descarada o disimuladamente de arriba hacia abajo con parada obligatoria de su pupila verde primero en la curvatura de mi seno y más tarde en el valle del ecuador donde mis dos covachas acechan y destilan magma untuoso, me daba un no sé qué mezc

Luis Mari

-¡Dame un duro, dame un duro! ¡Un duro para un café! -gimoteó impaciente Luis Mari alrededor de la barra.

-Anda Luis Mari, vete a casa que ya te has tomado tres cafés esta tarde -le respondió Angulo.

-¡Pues con leche, con leche! ¡Ponme uno con leche! -dijo Luis Mari.