Encuentros VIII

Solamente una imagen puede agradarnos por completo, nunca un ser humano. El origen de los ángeles.
En los mejores momentos de mi vida, siempre creo que estoy haciendo sitio dentro de mí, más sitio todavía. Acá quito nieve con una pala, más allá levanto un trozo de cielo que se había desplomado; hay lagos superfluos, los dejo desaguar - salvando, eso sí, los peces -; han proliferado nuevos bosques, en ellos suelto manadas de monos, todo está en pleno movimiento, sólo que nunca hay suficiente sitio; jamás pregunto: para qué; jamás siento: para qué; solamente tengo que hacer siempre más y más sitio, y mientras puedo hacerlo, mereceré mi vida.
Mi deseo más grande es ver cómo un ratón devora a un gato vivo. Pero antes deberá haber jugado con él un buen rato.
Los días se diferencian, pero la noche tiene un único nombre.
Las intuiciones de los escritores son las aventuras olvidadas de Dios.
El ser humano ha recogido la sabiduría de todos sus ancestros, y ¡mirad cuán estúpido es!
Se necesitan años para destruir el amor de un ser humano; pero no hay vida lo suficientemente larga para lamentar este crimen, que es más que un crimen.
Las diferentes lenguas que uno debería tener: una para hablar con su madre y que nunca volviera a hablar luego; una en la que solamente lea y jamás se atreva a escribir; una en la cual ore y de la que no entienda una sola palabra; una en la cual haga sus cuentas y a la que pertenezca todo lo pecuniario; una en la cual escriba cualquier cosa (excepto cartas), y una para viajar y en la que también pueda escribir sus cartas.
Si los hombres tuvieran las más leve y vaga sospecha de aquello que vive y se agita en su interior, retrocederían aterrados ante muchas palabras y giros idiomáticos, como ante un veneno
Siempre que observamos atentamente a un animal, tenemos la sensación de que en su interior hay un hombre que se burla de nosotros.
Nunca han sabido los hombres menos sobre sí mismos que en esta "era de la psicología". No pueden quedarse quietos. Huyen de sus propias metamorfosis. No las esperan, se anticipan a ellas. Prefieren ser cualquier cosa salvo lo que podrían ser. Recorren en coche los paisajes de su propia alma, y como solamente se detienen en las gasolineras, creen que están constituidos por éstas. Sus ingenieros no construyen otra cosa: lo que comen huele a gasolina. Sueñan en charcas negras.
Los muertos se alimentan de juicios; los vivos de amor.
Ya no se tiene la medida para nada, desde que la vida del hombre ya no es la medida.
Los asesinados - ¡qué grandiosa sonaba aún esta palabra, qué explícita, qué amplia y valerosa! : los asfixiados, los aplastados, los carbonizados, los reventados, ¡qué avaro suena todo esto, como si no hubiera costado nada!