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Poemas satíricos

Enviado por maestresala el Mar, 23/04/2019 - 12:11

 

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CUADERNA VÍA ESTIMULADORA
 

Aquellos literatos, simples aficionados,
formaban dos conjuntos del todo separados.
Unos mucho escribían de temas delicados
mientras otros callaban virtudes y pecados.

Cuentos con mucho ingenio de sus mentes salían
rápidos como dardos que a nadie zaherían
y todos los tertulios mucho se divertían
comparando las mofas que aquellos contenían.

Los contertulios mudos nunca participaban
de juegos literarios, pues solo organizaban
suculentas comidas que mucho les gustaban
disecando novelas al tiempo que tragaban.

Al ser tan criticados, de cosas de porteras
empezaron a charlar, afectando las maneras
por falta de costumbre, y salvajes como fieras
decidieron atacar con sus obras primeras.

Un concurso de textos quisieron organizar
pero sus mentes blancas rehusaron matizar
relatos o noticias sobre las que teorizar.
La musa literaria su fuego debe atizar.

Quizás este verano algo puedan escribir
si sus bajos instintos se esfuerzan por inhibir,
si olvidan las pitanzas que no quiero describir,
pues solo de talento los genios deben vivir.

 

oOo

 

Murakami, Murakami
nipón de la niponería.
El día que me leiste
grandes señales había.
Gran Sol era editado,
una historia era leida.
Nipón que en tal signo nace
no debe decir mentira.
No te la diré señor,
aunque me cueste la vida.
¿Que novelas son aquellas?
altas son y relucían.
Son "El fulgor y la sangre",
aquélla que más quería,
"Con el viento solano",
de bella marinería,
"Gran Sol" austera y parda,
grandes tristezas decía
y "Parte de una historia",
completa y siempre viva.
Murakami, Murakami
nipón de la niponería.
¿Por qué conoces, profundo,
obras de mi corta vida?
En la noche de mi mente
son estrellas que me guían.

 

oOo

 

ROMANCE ANTROPOSÓFICO

Filosofaba la tropa
con dura antropología,
en el libro de Aranguren,
cuando sonó la fajina.

Aquel silencio cartujo
se tornó en algarabía,
carcajada de cacharros,
cucharones y escudillas.

Nadie contestó a Roberto,
a su afilada misiva.
—¿Por qué están tan circunspectos?—
se preguntó con malicia.

Se respondió, pensativo:
— La cruel antroposofía
aturulla los sentidos
y el encéfalo lastima—.

Sin embargo, caballeros,
al mandar Jon su cartita
los contertulios sin alma
recuperaron la vida.

Todos dijeron a coro:
¡Qué suculenta comida!.—
Sólo el firme don Roberto
se preocupó por García.

Inquirió con desparpajo,
incluso envió una letrilla.

Los tertulianos distantes
aborrecieron las rimas,
chapoteando gozosos
en la pitanza ofrecida.

Al fin, concluyó Roberto:
—Curar la antroposofía
es labor de cocineros,
senescales y dietistas.-

( Manolo Nacamura. Romancero tertuliano)

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