Sonrisa beatífica

En la película Erase una vez América, Robert de Niro, que presta su fisonomía y su talento interpretativo a un gánster apodado Noddles, mira a la cámara (y sin duda a cada espectador) mientras yace bajo los efectos del opio en un fumadero regentado por orientales. La cámara se acerca poco a poco en un largo picado. Ya en un primer plano su rostro sonríe. Ha sido delatado por sus propios compinches pero, por azares del destino y la decisión de no participar en el último negocio, no perece. Vive escondido durante años hasta poder descubrir al artífice de la traición. No consumará la venganza a pesar de haberle sido escamoteado su lugar en la vida, la mujer que amaba, su fortuna material... Mientras nos mira, su sonrisa de beatitud nos interpela. Hay una paz conseguida gracias a vías estupefacientes pero paz al fin y al cabo.