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Encuentros III

Enviado por maestresala el Mar, 16/11/2010 - 23:00

 

Todos los libros que se limitan a mostrar cómo hemos llegado a nuestras opiniones actuales, a las opiniones dominantes sobre los animales, el hombre, la naturaleza y el mundo, me provocan malestar. ¿Adónde hemos llegado realmente? En las obras de los pensadores del  pasado buscamos las frases que, paulatinamente, nos han ido llevando hasta nuestra visión del mundo. Lamentamos la mayor parte de sus opiniones, que es errónea. ¿Qué puede haber más esteril que este tipo de lecturas? Pero precisamente las opiniones erróneas de los pensadores del pasado son lo que más me interesa de ellos. Podrían contener el germen de las cosas que más necesitamos, y que nos sacarían del horrible callejón sin salida de nuestra  actual visión del mundo.

Elias Canetti

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Mas volviendo a los nuestro, tenemos por nuestra parte la inconstancia, la indecisión, la incertidumbre, el dolor, la superstición. la inquietud del porvenir, incluso después de la vida, la ambición, la avaricia, la envidia, los celos, los apetitos desenfrenados, locos e indomables, la guerra, la mentira, la deslealtad, el desprecio y la curiosidad. Ciertamente, hemos pagado incomprensiblemente caro ese hermosos raciocinio del que nos jactamos y esa capacidad de juzgar  y de conocer, si lo hemos comprado al precio de ese infinito número de pasiones de las que sin cesar somos presa.

Michel de Montaigne

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De ser posible, uno tendría que hacer solamente aquello que haría igual gratuitamente. Como cualquier máxima, también ésta necesita algunos comentarios :
1. Si este principio fuera generalmente aceptado, el mundo se transformaría en una ópera o en un campo de juegos.
2. Aun las cosas desagradables o peligrosas pueden hacerse como si fueran un  juego. Entonces uno asume fatigas que harían palidecer a otros. Por ejemplo, escalar el Monte Everest.
3. Esta máxima es precisamente aquella por al cual quiere regirse el autor.
4. La vida puede concebirse no sólo como juego sino también como sacrificio. En ambos casos la economía pasa a segundo plano.
5. En el circo se enfrentaron no solamente el Cristianismo y la Antigüedad, sino también dos caracteres fundamentales.

Ernst Jünger

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