Mármol veteado
Un domingo de otoño dos personas adultas hablan de sus cosas. Viven juntos, en pareja en una casa cómoda de una ciudad que conocen bien.
Era un mostrador de bar de mármol veteado y pulido con los cantos torneados. Yo estaba sentado encima con un trajecito de piqué blanco. Era un niño de unos cinco o seis años. Eso es todo lo que recuerdo.



