Fallece Ernesto Sábato

Enviado por maestresala el Sáb, 30/04/2011 - 15:52

El escritor argentino Ernesto Sábato, fallecido hoy a los 99 años, pronunció durante su vida numerosas frases que dan cuenta de sus reflexiones ante la evolución del mundo, la vejez y la globalización, entre otras temáticas.
"Siempre tuve miedo al futuro, porque en el futuro, entre otras cosas, está la muerte". (Diálogos con Jorge Luis Borges)

"Ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás".

"Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido. En el pensamiento y en el arte son abominables".

"El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria. Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse".
"A cada hora el poder del mundo se concentra y se globaliza. La masificación ha hecho estragos, ya es difícil encontrar originalidad en las personas y un idéntico proceso se cumple en los pueblos, es la llamada globalización".

"¿Qué se puede hacer en ochenta años? Probablemente, empezar a darse cuenta de cómo habría que vivir y cuáles son las tres o cuatro cosas que valen la pena". (Uno y el universo)

"Habrá siempre un hombre tal que, aunque su casa se derrumbe, estará preocupado por el Universo. Habrá siempre una mujer tal que, aunque el Universo se derrumbe, estará preocupada por su hogar". (Uno y el universo)

"Se discute si Dalí es auténtico o farsante. Pero ¿tiene algún sentido decir que alguien se ha pasado la vida haciendo una farsa?".

"¿Por qué no suponer, al revés, que esa continua farsa es autenticidad? Cualquier expresión es, en definitiva, un género de sinceridad". (Uno y el universo)

"El presente engendra el pasado". (Uno y el universo)

"El oficio -en el arte-, consiste en que no se lo advierta". (Uno y el universo)

"¿O será uno de esos seres solitarios y a la vez temerosos que sólo resisten la soledad con la ayuda de ese gran enemigo de los fantasmas, reales o imaginarios, que es la luz?" (Sobre héroes y tumbas)

"Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos, una categoría nueva que nos habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía para la que lo único que no cuenta es lo humano". (Antes del fin)

"Todo hace pensar que la Tierra va en camino de transformarse en un desierto superpoblado ... Este paisaje fúnebre y desafortunado es obra de esa clase de gente que se habrá reído de los pobres diablos que desde hace tantos años lo veníamos advirtiendo, aduciendo que eran fábulas típicas de escritores, de poetas fantasiosos". (Antes del fin)
"Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa". (Ensayo La Resistencia).


 

Reseña biográfica

El escritor argentino Ernesto Sábato murió hoy a los 99 años en su casa de las afueras de Buenos Aires, donde permanecía recluido desde hacía años a raíz de sus problemas de salud, informaron hoy allegados al autor.
Sábato, quien fue el último superviviente de los escritores con mayúscula de la literatura argentina, estaba ya prácticamente ciego, lo que lo mantenía retirado en su residencia bonaerense de Santos Lugares.
Debido a su ceguera, el autor se había visto obligado en los últimos años a abandonar la lectura y la escritura, y a llenar su tiempo con la pintura y otras aficiones que practicaba en su vivienda.
En los últimos días una bronquitis había complicado su salud, destacó en declaraciones radiales su compañera Elvira González Fraga.
Nacido en la localidad bonaerense de Rojas el 24 de junio de 1911, abandonó su carrera científica en los años 40 para volcarse en la literatura con la publicación de la recopilación de ensayos "Uno y el Universo".
El reconocimiento internacional le llegó en 1961 con "Sobre héroes y tumbas" y la consagración en 1974 con "Abaddón el exterminador", que completan la trilogía iniciada con "El túnel" (1948), adaptada al cine en 2006.
Galardonado con el Premio Cervantes en 1984 y propuesto como candidato al Nobel de Literatura de 2007, Ernesto Sábato no sólo fue reconocido por su oficio de escritor, sino que además presidió en 1984 la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep).
Este grupo redactó el informe "Nunca más", una obra clave que relata los horrores de la última dictadura militar argentina (1976-1983).
La última obra publicada de Sábato, que también recibió los premios Gabriela Mistral (1983) y Menéndez Pelayo (1997), fue "España en los diarios de mi vejez", fruto de sus viajes al país en 2002, mientras Argentina se sumergía en la más feroz crisis económica de su historia.
Según contó su hijo Mario Sábato, autor de un documental sobre la vida de su padre, el escritor ya no salía de casa, estaba al cuidado de enfermeras y apenas hablaba, aunque ocasionalmente rompía su silencio para mantener algún breve diálogo con la familia.

30.04.11 - 15:01 - EFE | BUENOS AIRES

 


 

SOBRE UN HEROE Y SU TUMBA

En abril de 1984, a la edad de 72 años y convencido de estar al final de su existencia, Ernesto Sabato levantó su voz en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares para recordar que Cervantes dijo en una ocasión que por la libertad, como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida. El autor de 'Sobre héroes y tumbas' recibía ese día el premio más importantes de las Letras en español y estaba todavía bajo el impacto emocional de su particular descenso a los infiernos. Como presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas durante la dictadura argentina, había conocido hasta dónde puede llegar la crueldad aplicada contra quienes no persiguen otra cosa que la libertad. Esa experiencia acabó con su último resto de fe en la especie humana. Ayer, a los 99 años, ciego y casi invisible para las nuevas generaciones de la era global que él tanto criticaba, murió en Santos Lugares, cerca de Buenos Aires, víctima de una bronquitis.
Para cuando Sabato se sumergió en las atrocidades de la dictadura de Videla y sus sucesores, estaba ya de vuelta de muchas cosas. Su vida, en realidad, es el relato de dos grandes desengaños. El primero fue con la ciencia. Siendo un adolescente abrumado por pesadillas, alucinaciones y paseos de sonámbulo, quedó deslumbrado por la geometría. La exactitud de sus teoremas y la belleza de sus soluciones se le presentó como una forma de ordenar el caos de su cabeza. Por eso se doctoró en Física por la Universidad de La Plata.
La ciencia y la política
Durante un tiempo trabajó en el prestigioso Laboratorio Curie, en el seno de un equipo que buscaba conseguir la ruptura del átomo de uranio. Cuando un día llegó al centro un telegrama que les avisaba de que un centro investigador alemán se les había adelantado, vio caras de decepción y rabia en sus compañeros. «Ahí sentí que era el comienzo del fin», explicó luego. Su amor por la ciencia terminó el día en que descubrió que también en ese ámbito llegar antes es más importante que llegar.
Así que en 1945, coincidiendo con la bomba atómica, dejó a un lado su vocación científica y se pasó a la Literatura. Tres años después, publicó 'El túnel', la primera de sus tres novelas. Sería la segunda, 'Sobre héroes y tumbas' (1961), la que le daría fama internacional. Habría que esperar otros trece años para que con 'Abbadón el exterminador', cuyo tono es tal que podría haber sido escrita por el autor del 'Apocalipsis', cerrara su ciclo de ficción. Después de esos tres libros, Sabato solo publicó ensayos y textos memorialísticos como 'Antes del fin'. Pocos libros, en cualquier caso, porque a causa de su perfeccionismo era mucho más lo que destruía que lo que enviaba a la imprenta. Con todo, no se libró de las críticas de Borges, con quien cultivó tanta amistad primero y tanta lejanía después. «Ha escrito poco, pero ese poco es tan vulgar que nos abruma como una obra copiosa», dijo de él el autor de la 'Historia universal de infamia'.
Su segundo desengaño se produjo en la política. Anarquista en su adolescencia, comunista más tarde -llegó a ser secretario de la organización juvenil-, pronto se alejó de las utopías absolutas para evolucionar hacia un anarco-cristianismo profundamente pesimista. Esa renuncia doble a sus convicciones científicas y políticas puede explicar muchas cosas de su biografía ya en la madurez. Quizá también sus dos intentos de suicidio confesados y la tragedia que emana de su obra. Porque a Sabato, lo ha dicho él mismo, lo salvó el arte, pero la creación que salió de su cabeza contiene una de las dosis de pesimismo más fuertes que se hallan en la cultura contemporánea.
Escritor en la dictadura
'Abbadón el exterminador' se publicó poco antes de que Videla encabezara uno de los más sangrientos golpes de Estado de la historia de América Latina. Sábato supo durante años de desapariciones y torturas y siempre pidió que cesaran. Pocos escritores habrá habido tan dispuestos a sumarse a causas justas, a unir su firma y su figura en favor de los derechos humanos, dentro y fuera de Argentina. Aún se recuerdan, por ejemplo, sus artículos en defensa de la infancia en el Tercer Mundo o contra ETA.
Así que a nadie extrañó que Raúl Alfonsín le propusiera presidir la comisión de investigación sobre las desapariciones. Fruto de sus trabajos fue el denominado 'Informe Sábato' ('Nunca más' era el título oficial), base para sentar en el banquillo a numerosos altos cargos de los directorios militares una vez restablecida la democracia en Argentina.
El documento, un relato estremecedor, contiene un prólogo en el que habla del terrorismo de izquierdas y derechas que acogotaba a Argentina en los primeros años setenta. Eso disgustó a muchos, y no solo a quienes participaron activamente -o miraron para otro lado- en las desapariciones. El escritor Osvaldo Bayer arremetió hace unos años contra el escritor, de quien decía que nunca se la jugó por nadie y pudo escribir tranquilamente en su casa mientras otros eran perseguidos o prohibidos. Y Hebe de Bonafini, la líder de las Madres de Mayo, lo hizo objeto de su desprecio -también a él, su lista es interminable- diciendo que lo argumentado por Sabato era «una porquería». El escritor, siempre discreto tras sus eternas gafas negras, poco proclive a afrontar las críticas, no contestó a esos improperios.
Sus últimos años de vida han sido especialmente duros. Prácticamente ciego, no podía leer ni escribir, y su único entretenimiento era pintar, algo que de manera intermitente había hecho durante décadas. Manchas de colores sobre láminas que iba llenando aquí y allá, en casa y en sus esporádicos viajes. En 1995 murió en accidente de tráfico su hijo mayor, Jorge. Tres años más tarde, su esposa Matilde. Más alimento para la depresión.
Recluido en su casa de Santos Lugares, acompañado por Elvira González, su compañera de los últimos días, Sabato ha resistido hasta llegar casi a centenario. Alimentándose de melancolía, ajeno a la aceleración del tiempo, extraño en este siglo, era ya sobre todo un símbolo. Un símbolo que hoy mismo, en la Feria de Buenos Aires, iba a recibir el enésimo homenaje. En 2004, en el Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Rosario, fue aclamado por escritores, políticos e intelectuales. Él sabía que su tiempo había terminado. La bronquitis puso ayer el punto final.
 

01.05.2011 - CÉSAR COCA

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