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No es el sitio de la rosa el rosal
sino el impávido aire
del amanecer.
No es primavera el cielo de la rosa
sino cualquier viento en que se pueda
estremecer.
Porque ¿existe la rosa o es un engaño,
un ficticio mensaje
de la fe?
Repitiendo su nombre
una y otra vez, la creo
para siempre. Amén.
Eugenio Abásolo in memoriam