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| Reflejo borroso de Heatcliff.pdf | 633.2 KB |
| Cambio Catastrofico en Cumbres Borrascosas.pdf | 161.6 KB |
| Análisis y propuesta de traducción Cumbres Borrascosas.pdf | 185.92 KB |

Tendría que haber sido un hombre, un gran navegante con su extraordinaria facultad de raciocinio habría deducido nuevas esferas de descubrimiento a partir del conocimiento de las antiguas, y su voluntad, fuerte e imperiosa, nunca se habría amilanado ante los obstáculos o las dificultades; jamás habría cedido, antes hubiera dado su vida.
Monsieur Heger
Menosprecio las riquezas
y me río del amor;
mi deseo de fama sólo fue un sueño
que al amanecer se esfumó....
Cuando rezo, la única plegaria
que mueve mis labios
es: Suelta mi corazón
y dame la libertad.
Emily Brontë

APUNTES BIOGRAFICOS
Nació en 1818 y era la tercera de las hijos que llegaron a mayores de un párroco pobre del condado de York, al norte de Inglaterra, y es esta familia un caso curioso que difícilmente se volverá a repetir: estaba compuesta por el padre, tres hijas y un varón, y una tía, hermana de la madre muerta prematuramente; no podemos prescindir de ninguno de estos personajes si queremos entender esta familia de escritores cuyos miembros del todo interdependientes en lo familiar y en los artístico, pero cada uno con su acusada personalidad y rindiendo culto a la independencia espiritual.
Los cuatro hermanos nacen en la segunda década del siglo XIX, y por entonces ya hacía muchos años que los escritores ingleses, en especial los poetas, recreaban el mundo según su propia visión interior y con frecuencia estaban a la cabeza de esta importante corriente artística y de pensamiento que recorrió Europa y llamamos Romanticismo. Nuestra escritora se mueve, pues, en un mundo, y respira un ambiente, eminentemente románticos.
Desde 1820 la parroquia de Harworth, condado de York, fue la morada definitiva de esta familia celta; de aquella casa georgiana iba a salir una espléndida literatura. Desde sus ventanas comtemplaban estos niños los páramos de horizontes indecisos, asolados por la ventisca y la nieve en el invierno, pero floridos y sonrientes en verano, y oirían caer la lluvia incesante sobre las losas del cementerio de la iglesia, según leemos en los poemas que siguen. Allí crecieron y maduraron aquellos espíritus románticos siempre en contacto con lo invisible y el más allá.
La rectoría de Haworth, hogar de las hermanas Brontë, en los páramos de Yorkshire
En aquella casa vivían asilados del mundo exterior, pero no tanto que no se lucraran de los beneficios de la biblioteca de la ciudad vecina, del ambiente cultural de la región, o de publicaciones periódicas del momento que les proporcionaba su padre. La vida en aquella casa era muy intensa; se leía y se estudiaba, se pintaba y tocaba música, pero también fue con frecuencia vida de dolor, enfermedad y de muerte.
Un hecho fortuito vino a dominar la infancia y aun la adolescencia de estos niños: en 1826 el padre tuvo que hacer un aviaje a Leeds y les trajo un regalo a cada uno, el del niño, Branwell, era una caja de doce soldaditos de madera para reponer otros estropeados. Tanto les gustaron a las hermanas estos soldaditos que se quedan uno cada una y les invisten de una personalidad de una personalidad: el de mayor, Charlotte, será para siempre el duque de Wellington, el de Emily se llamó entonces Grassy, Waiting Boy el de Anne, y otro Napoleón Bonaparte para el niño. Estos fueron durante muchos años los protagonistas de las historias fantásticas que los niños se inventaban y escribían, seres que vivían en países imaginarios cuyos mapas dibujaba el niño con todo detalle; escribían sus narraciones en pedazos de papel doblado, como cuadernitos pequeñísimos con letra microscópica. Los personajes y escenarios se multiplicaron y por lo tanto las historias; se inventaban reinos y epopeyas cuyos episodios se enlazaban, y dramatizaban los acontecimientos. Aquello duró trece años, y Charlotte estará siempre unida a Angria y Emily a Gondal, sus fantásticos imperios. Eran felices aquellos niños con sus juegos absorbentes que compartían emparejados los hermanos Charlotte y Branwell, Emily y Anne. Su infancia fue feliz, como infancia luminosa y sosegada la recuerda Emily en uno de sus poemas. Qué duda cabe que tenían estos niños vocación literaria, que tenían necesidad de contar, de verter sobre el papel sus emociones y fantasías, pero colaboró a esto el padre, poeta a su vez, con la educación que les dió, prestando tanta importancia a la lectura y a la perfección de la lengua escrita.

Patrick Brontë
A pesar de esta camaradería y cariño entre los hermanos eran éstos muy distintos entre sí. Emily era la más poética e imaginativa, muy introvertida, ella vivía sus quimeras y visiones, fue en la que más huella dejaron los poetas románticos que leían y la que más compartía con su padre la pasión por la poesía y la naturaleza.
En 1837 entra Emily de docente en la escuela de Law Hill, un internado de niñas. Estuvo sólo unos meses y lo pasó mal porque eran cuarenta las niñas y el trabajo era duro. Sin embargo, la estancia allí le debió ser provechosa para su producción literaria proque escribió mucha poesía aquel año, una veces el tema era Gondal, otras su terruño. Además, no lejos de la escuela, a uno y otro lado, había sendos edificios que atraían su atención, y acaso los observó como posibles mordas de las dos familias protagonistas de Cumbres borrascosas, el panorama, por lo menos, es muy similar.
La situación económica de la familia Brontë fue siempre muy precaria, aunque las niñas ejercieron esporádicamente de institutrices fue en general con poco éxito. Este problema les preocupaba. Cuando estaban todos en Haworth se quedaban por las noches los cuatro hermanos en el comedor de la planta baja charlando, dando vueltas alrededor de la mesa, porobablemente, con las velas apagadas para no gastar cera, y el fuego mortecino proyectando sus alargadas sombras en las paredes. Discutían acaso quiméricos planes tratando de remediar la situación. Uno de los que más les agradaba era poner una escuelita de niñas que les diera para vivir sin tener que separarse de la familia. Así lo decidieron, pero como no tenían, según ellas, preparación suficiente en lenguas modernas, acordaron irse a Bruselas las dos mayores y allí en pocos meses adquirir los conocimientos que consideraban indispensables. En efecto, se cruzan cartas, preparan el viaje, la tía les ayuda a sufragar los gastos del mismo, y en febrero del año 1842 el Rev. Patrick Brontë deja a sus hijas en el internado de Heger, 32 rue d'Isabel, Bruselas.

Su piano
Una nueva vida empieza para estas dos jóvenes inglesas y protestantes. Todo era nuevo: el ambiente, la disciplina del colegio, las comidas, el comportamiento de las niñas, todas mucho más jóvenes que ellas, y las prácticas de la religión católica les parecía superstición. Se sentían ignorantes, incomprendidas, y ¡tan lejos de casa! Procuraban superar todo aquello porque habían ido a aprender, y aprendieron, hasta el punto que a los seis meses, dándose cuenta el señor Heger del raro talento de sus nueva alumnas, les ofreció, a cambio de la pensión y sin dejar sus estudios, que Charlotte enseñara inglés en el colegio y Emily música propuesta que aceptaron. Pero al poco tiempo enfermó gravemente su tía y, aunque no demoraron las niñas el ponerse en camino, no llegaron ni a los funerales de aquella curiosa mujer que no había entendido nunca a sus sobrinos - no eran fáciles de verdad -, les había sacrificado su vida, y a su muerte dejó a las niñas su pequeña fortuna. Momento oportuno, pues, para poner su soñada escuelita; lo posponen, sin embargo, una vez más porque Anne cree que tiene que cumplir su compromiso con los señores en cuya casa estaba de institutriz y porque el señor Heger invita a las hermanas Brontë a volver a su internado como docentes y retribuidas. Charlotte acepta y vuelve a Bruselas, pero Emily se queda en casa.
Contrae el Re. Brontë una seria enfermedad de la vista y vuelve su hija mayor de Bruselas a los once meses de haberse ido. De nuevo en Haworth las tres hermanas, hora era de materializar su proyecto de escuela. Hacen sus preparativos correspondientes, escriben cartas, imprimen prospectos, y esperan, pero en vano: ni una sola niña llamó a sus puertas.
Había aún otros problemas graves en la familia: la enfermedad del padre empeoraba, como consecuencia, su humor, y la conducta de Branwell, en quien la familia había puesto tanta esperanzas, distaba mucho de ser correcta; murió el año 1848 consumido por la droga y el alcohol.

Cocina de la rectoría
Un poco antes, en 1845, la casualidad pone en manos de Charlotte un cuaderno de poemas de su hermana Emily, les echa un vistazo y queda tan admirada de su calidad que cree que hay que darlos a conocer, pero su autora, que tenía un carácter muy celoso de sus cosas, se enfurece; ella que escribía poesía para ella sola, no podía tolerar que se hubiera violado su intimidad que sólo compartía con sus personajes imaginarios y sus fantasmas. Necesitaron horas las hermanas para calmarla y mucho más para convencerla de que aquellos poemas merecían publicarse. Consiguieron, por fin, componer un tomito con poemas de las tres. La mayor corrió con los pormenores de la empresa: encontró editor, después de que varios se los rechazaran, escogió papel, formato, mandó el dinero que fueron 35 libras, y en mayo de 1946 salió un librito que se titulaba: Poems by Currer, Ellis and Acton Bell. Estos fueron los seudónimos, un tanto masculinizados, que usaron para siempre las hermanas Brontë. Se publicaron de este librito dos críticas, ambas favorables, pero sólo se vendieron dos ejemplares; mandaron ellas alguno a los literatos del momento y ninguno les contestó.
El libro económicamente fue un fracaso, epero el verse en letras de molde las debió animar porque se ponen las tres hermanas a escribir, febrilmente, una novela cada una: Charlotte El profesor, Emily Cumbres Borrascosas, y Agnes Grey Anne.
Pasó el otoño de aquel año y vino el invierno; fue duro aquel invierno de borrascas y nevadas. Aquello fue desolador: hacía frío en la casa, no la tenían bastante calentada; el padre, aunque había mejorado, no estaba bien de la vista y estaba melancólico; el chico del todo alcoholizado y opiómano; ellas tres tosían, tenían bronquitis, dolroes de muelas, no eran bonitas, iban mal y pobremente vestidas, no se casaba ninguna y no conseguían ni abrir la escuela, ni publicar sus manuscritos, a pesa de sus extraordinarias dotes literarias, de lo que ellas estaban convencidas. Esto dentro de sus; fuera, escasa luz del día, heladas, nieve y lluvia incesante. Les salvaba su vida interior: Charlotte a veces se deprimía por los golpes que le daba la vida, pero luego se enderezaba para mantener la moral de la familia para cumplir con los deberes de hermana mayor que Dios la había asignado; Ana, tan tierna, todo era cariño a los suyos y a su perro y a todo lo que le rodeada; a Emily le bastaban sus personajes imaginarios con los que convivía y se comunicaba, y las tres escribían y escribían.

Las cumbres borrascosas
En diciembre de 1847 se publicó Wuthering Heights al mismo que Agnes Grey. Ninguna de las dos novelas tuvo gran éxito, contrastando con el extraordinario que había tenido Jane Eyre, primera novela publicada por Charlotte, hacía apenas unos meses.
Duro golpe fue para la familia la muerte de Branwell. Las hermanas ante su cadáver, que según dicen recuperó los finos trazos de su adolescencia desfigurados en los últimos tiempos por el alcohol, sin duda olvidaron lo mucho que les había hecho sufrir y sólo recordaron aquella compartida infancia fantástica poblada de genios, princesas y generales victoriosos.
Hacía frío aquel día del funeral de Branwell, finales de septiembre es entrado el otoño en aquellas latitudes, la iglesia estaba húmeda y Emily se acatarró. Volvió enferma a casa, empezó a toser, tenía dolor en el pecho y mucha fiebre. Se negó en absoluto a que le viera el médico, a hacer cama y a interrumpir los trabajos domésticos que acostumbraba. Sufría su hermana mayor porque no podía hacer nada por ella, sólo salir a los prados a coger un ramito de sus flores favoritas, o leerle algunas de sus páginas preferidas. El día 19 de diciembre de 1848 le susurró a su hermana que ahora sí podía ir a buscar a un médico, se tumbó en el sofá del comedor, y antes de que aquél llegara, había muerto. Esta genial mujer, de escasísimas palabras habladas, no así escritas, fue un enigma hasta para morirse. Tenía treinta años, hacía sólo tres meses de la muerte de su hermano, y unos pocos más tarde la siguió a la tumba su hermana Ana.
Después de esta breve semblanza de la persona de Emily Brontë no sorprenderá que su poesía esté dominada por la imaginación, ese magic power que le llamaba Coleridge, sin el cual se produciría el vacío. No podemos salirnos del mundo romático si queremos gustar de la literatura de Ellis Bell, y es Coleridge, el filósofo del romanticismo, el que, como poeta y como filósofo, nos acercará a ese mundo que visto a la distancia nos resulta un tanto misterioso. ¿Qué es en definitiva la imaginación para Coleridge? La define con toda claridad: the link between the known universe adn the trascendental realm El nexo entre el universo conocido y el reino trascendental, reino en que se mueve nuestra escritora, mas para llegar a él la imaginación necesita el valor agregativo de la fantasía que es la parte activa de la mente.
Pero algo tiene que haber aún para que estos espíritus románticos se entiendan entre sí, y esto es la libertad romántica, así lo afirma el mismo T.S Coleridge en el capítulo XII de su Biographia Literaria: The medium by which spirits understand each other is not sorrounding air, but the freedom they possess in common. El medio por el cual los espíritus se entienden entre sí, no es el aire que les rodea sino la libertad que poseen en común, como el común elemento de su ser, continúa, cuya trémula reciprocidad propagan ellos mismos aun a lo más hondo de su alma. Si éste es el funcionamiento espiritual, el proceso de estas mentes románticas, podemos afirmar que Emily Brontë, haciendo uso de una libertad sin límites, y ayudada por la fantasía, su imaginación la transporta al mundo del más allá y que de ese proceso ella es consciente, ella sabe que la imaginación existe como un ente autónomo: escribe un bello poema A la imaginación [ver POEMAS más abajo] en el que agradece que la separe del feo mundo exterior, de world without, que desprecia, del world within que doblemente estima; esta separación es constante en el mundo de Ellis Belll.
Alguna huella debieron dejar en la poesía de la segunda de los Brontë los poeta que leía, espíritus afines en definitiva: Byron, el poeta inquietante y visionario, Wordsworth, el íntimo amante de la naturaleza, sin olvidar, sin olvidar los románticos alemanes. Pero también le inquietaron poetas anteriores al romanticismo como Milton; hubo una época que fue su poeta preferido, se sabía de memoria gran parte de El Paraíso Perdido, y es la figura de Satán la que más grabada se le quedó: el ángel caído, el que había perdido sus derechos, le atraía. El poder y la venganza satánica pronto figuran en la saga de Gondal; le era fácil concebir un personaje sátanico, ahí está Heatcliff el protagonista de su novela que, como sabemos, tuvo una larga elaboración.
En los meses que estuvo Emily en la escuela de Law Hill se desarrolla en ella el íntimo sentimiento de nostalgia, nuevas visiones y nuevos deseos la obsesionan y escribe un bello poema, Un momento sólo un momento [ver POEMAS más abajo], que es el exponente de esta nostalgia angustiosa. Aprovecha un ratito que las niñas están recogidas para meditar, para soñar en lo suyo, en lo que ama, y tanto se concentra y ensimisma que su espíritu se eleva y huye de lo que le rodea. Pero vuelven las niñas y con ellas la realidad, lo que ella llama las rejas de su prisión, que borra todo lo que hizo la fantasía y tiene que descender de esa esfera deleitosa para volver al trabajo cotidiano. Circunstancias reales, inmediatas, en una persona de su imaginación y fantasía la condujeron a un estado de profunda experiencia espiritual que bien pueden llamarse éxtasis. Este poema es un poema clave y marca un hito en el proceso espiritual y en consecuencia literario, de Ellis Bell, proceso, que aunque de límites desdibujados, existe.
El éxtasis, una vez conseguido, es un anhelo permanente, una felicidad pura, y las experiencias que Emily había tenido en la soledad de Law Hill se fueron haciendo con el tiempo más complejas y, por supuesto, fueron en los sucesivo la inspiración casi total de su poesía. Nos habla de visiones, de deseos, de esos deseos espirituales que no sabe a veces lo que son, y con frecuencia es la naturaleza la que responde. Sus visiones son deleitosas, nos habla de la paz que invade, de música callada que seda su pecho, de calma también de desfallecimientos, de inefable armonía, que sólo la oye cuando está separada de la tierra, pero lo más importante acasom es que sus alas tienen libertad y lelgan a puerto, eso sí, ausente sus sentidos corporales. Su espíritu recibía visitante, personajes de Gondal, o quizás Dios mismo, con los que dialogaba, y eran mensajeros de sus visiones, o partícipes. El despertar de estos trances era angustioso, en contraste con el deleite de los mismos; su poema La Prisionera es un poema clave en este sentido, y que pertenece sin dudda a Gondal, su imperio imaginario. Sigue este proceso intensificándose con muy variados matices, y se le va haciendo a ella misma más evidente esta necesidad de estar sola, de comunicarse con lo invisible, su mutismo era total, y de liberar su alma del dungeon of clay, de la cárcel de barro, y se va acercando a desear la vida en la muerte. Pero la muerte la veía de muy distintas maneras: unas veces era el mejor desenlace que la vida podía ofrecer; otras sus diminutos espírtus brillantes, glittering spirits, le traían un jubiloso mensaje y le hablaban de la muerte como de un bien seguro; otras le producía temor perder las bellezas del mundo, la naturaleza tan hermosa y la alegría de vivir, a cambio de una inmortalidad desconocida; otras, contemplando la bóveda celeste, quedaba sobrecogida al fin, la muerte es una fuerza arrasadora que iguala toda personalidad y todo conflicto del corazón humano incluso entre bien y el mal.
Ya hemos dicho que es frecuente la forma dialogada en la poesía de Ellis Bell; dialoga con visitantes muy variados, o con su propio coraźon o con Dios mismo. Es el suyo un Dios omnipresente y consolador, algo tiene que ser este strong power al que le pide reciprocidad: I trust Thy might, trust Thou my constancy, confío en tu poderm confía tú en mi constancia. Dios es para ella el mensajero de la esperanza que la visita todas las noches y la conduce a la eterna libertad. En su acaso último poema nos habla de un dios omnipresente, está dentro de su pecho en una especie de felicidad recíproca, porque no es pasiva su alma, nos dice, ni cobarde, no tiembla ante las glorias del cielo, y en ese cosmos que ella presentía, Dios es la causa última y eterna.
Es sin duda Emily Brontë uno de los escritores más interesantes del siglo XIX, tanto en prosa como en verso. Su lectura no es fácil, pero sí apasionante si logramos penetrar, aunque sea por un resquicio, en su complejo world within inseparablemente unido a la naturaleza en su totalidad cósmica.
Rosa Castillo
Doctora en Literatura Inglesa y especialista en las Hermanas Brontë
Si los argumentos de sus crónicas fueron tan esencialmente femeninos, acaso fue porque la poesía de Gondal reflejaba con precisión su modo de vida y sus más íntimas aspiraciones de libertad. A diferencia de las pautas establecidas por Charlotte y Branwell en las crónicas de Glasstown, en las que los protagonistas eran siempre capitanes hombres (…), las partes asignadas a los hombres en las historias de Emily y Anne eran, con una excepción notable, papeles secundarios, subordinados a los papeles protagonistas femeninos. (…) No era sorprendente que Emily Brontë, que se nutría del romanticismo de las novelas de Scott y de la poesía de Byron, encontrara el prototipo de su ideal de feminidad en las heroínas del primero y viera en ellas espíritus afines, figuras que se asemejaban a ella misma en su lucha por una existencia independiente (referente a las crónicas de Gondal).
Emily, particularmente, tenía un gran sentido del humor, un humor fresco y saludable, nada acorde con los remilgos de las señoritas del sur de Inglaterra, sus futuras lectoras. Hay que tener esto muy presente al analizar la acogida que tuvo Cumbres Borrascosas.
Puedo observar dos aspectos esenciales del carácter de Emily: que era bondadosa por naturaleza, siempre y cuando la timidez la obligara a reprimirse, y que era alegre cuando estaba en los páramos. En ninguna otra parte se sentía tan ella misma, tan libre; en ninguna otra parte tenía tantos amigos, los animales salvajes que llevaban su propia vida y con los que se sentía en intensa comunión. Era una región hecha a la medida de su mente, que ya entonces no podía soportar que nadie le pusiera límites (descripción de Emily por parte de la señorita Nussey, amiga de Charlotte).
Por su extremada reserva, parecía impenetrable, pero era encantadora; su fuerza moral invitaba a confiar en ella. Pocas personas tienen el don de mirar y sonreír a los demás como lo hacía ella. Cualquiera de sus raras miradas expresivas era digna de ser recordada toda la vida; tal era la profundidad del alma y sentimientos que había en ella, acompañada de un gran temor de revelarse a sí misma.
Fueron observaciones muy perspicaces para la época. La reserva de Emily no era simple timidez, sino una barrera para salvaguardar su vida interior. A los quince años esto significaba adquirir un dominio completo de su existencia material.
Cuando Emily leyó a Byron estaba saliendo de la niñez para entrar en la adolescencia, por eso la impresionó tanto. También ella se estaba convirtiendo en un ser insociable. Rehuía a las personas con quienes tenía que tratar debido a la posición que su padre ocupaba en la parroquia; se negaba a enseñar en la escuela dominical; no hablaba con nadie en la calle en las desdichadas ocasiones en que tenía que ir sola al pueblo, y constantemente apartaba la mirada cuando un extraño le dirigía la palabra. La causa de esta aversión a las formas sociales normales no era la misantropía, sino su intensa vida interior – no permitía que allí entrara nadie -, su conciencia cada vez mayor de la diferencia que había entre sus intereses y los de los demás, y el temor a la intromisión de éstos en su privacidad. (…) Milton había sido el poeta preferido de Patrick Brontë cuando era un muchacho y se sabía El paraíso perdido de memoria. La figura de Satanás produjo en Emily un efecto profundo y perdurable. La sensación que tiene el ángel caído, consciente de sus derechos perdidos, de que su poder es inútil, despertó en ella admiración y compasión.
Dado su carácter indefinible, sólo podremos analizarlo correctamente si nos atenemos a las palabras que la propia Emily empleó al intentar describirlo. Aunque ya había dado signos, tanto en su conducta como en sus primeros escritos, de estar viviendo en dos planos del ser gracias a la fuerza de su imaginación (…) Mientras que antes la voluntad creadora provenía de su interior, la experiencia de la que habla aquí se refiere a una fuerza cuya supremacía -uno está tentado de decir presencia- es exterior a ella, tal como reconoce la propia Emily. La soledad, la añoranza de los suyos y la frustración podían inducir en una muchacha con una imaginación tan desbordante un estado mental receptivo a una experiencia espiritual profunda, como si la misma intensidad de su nostalgia pudiera hacer realidad el deseo de su corazón. El “deseo”, como lo repetiría tanto y tan a menudo en el futuro, debía ser libre, tenía que ser liberado de las trabas de la existencia física como primera condición para alcanzar la unión completa con “el alma de la naturaleza”, con la vida del universo o con el Absoluto (palabra que jamás empleó). (…) Su poesía demuestra que tomaba posesión de ella cada vez con mayor frecuencia y que ello dependía principalmente de su entorno y de circunstancias de soledad casi completas. No hay indicios de que estas “visitaciones” hubieran ocurrido en la infancia, dejándola permanentemente desolada cuando cesaron. (…) Fue a partir de entonces cuando tales manifestaciones se convirtieron en la finalidad y la consumición de su vida, como el amor físico para otras mujeres. Fueron la inspiración de su poesía; cuando cesaron, ella murió (sobre el misticismo de Emily).
Grasper, dibujado por Emily en enero de 1834
No hay que olvidar que Emily era una gran amante de los animales y muchas veces, para ella, era más importante la vida de estos seres que la de las personas) En una oportunidad una persona fue a decirles que Keeper y otro perro enorme que no era del pueblo se estaban peleando en el camino. Ella se encontraba en ese momento en el jardín y la sirvienta fue a contarle, como si se tratara de la cosa más natural, lo que estaba sucediendo. No dijo una palabra, tampoco dio muestras de perplejidad. De inmediato, corrió a la cocina, cogió el pimentero y se precipitó al camino, donde encontró a los salvajes agarrándose el uno al otro por el pescuezo, apretándose con una fuerza mortal mientras que varios animales que se creían hombres los miraban sin intervenir como cobardes que eran, con miedo de tocarlos, y se quedaron con la boca abierta cuando vieron a esa frágil criatura saltar sobre los animales, atrapando a Keeper por el cuello con un brazo mientras que con la otra mano les espolvoreaba bien los morros con pimienta y los separaba empleando toda la fuerza de su voluntad; luego se llevó con ella a Keeper, ese perro magnífico a casa, sin mirar ni una sola vez a los hombres, es un decir, que estaban ahí parados atónitos ante la hazaña.
Siempre y cuando nada viniese a socavar la promesa de los “pequeños espíritus brillantes” de su “Fantasía”, Emily vivió en el reflejo de su luz, alcanzando a menudo un estado de éxtasis. John Greenwood, que se encontró con ella una mañana en que volvía de los páramos, registró en su diario lo transfigurada que parecía en ocasiones. El pobre hombre nunca olvidó la experiencia porque, dijo, “aún en éxtasis” le devolvió el saludo con extraordinaria “dulzura”, “su semblante se iluminó con luz divina". De haber estado conversando con ángeles, no habría brillado más. Me pareció sagrada, celestial (sobre el misticismo de Emily).
La tragedia de Emily Brontë, como lo demuestran sus últimos años, no radica en su temprana muerte o en un fracaso literario, sino en la pérdida de su “Dios de las visiones”, en la partida de su "ángel radiante” cuando ella más lo necesitaba.
Dibujo de Keeper, obra de Emily, coloreado posteriormente
Un día, en el otoño de 1845, encontré casualmente un tomo de poesía escrito a mano con la letra de mi hermana Emily. No me sorprendió, desde luego, puesto que sabía que ella podía escribir poesía y que lo hacía. Lo examiné detenidamente y fue algo más que sorpresa lo que se apoderó de mí: una convicción profunda de que no se trataba de efusiones comunes ni se parecía en nada a la poesía que las mujeres escriben en general. Me parecieron versos condensados y lacónicos, potentes y auténticos. Además, tenían una música peculiar, salvaje, melancólica, destinada a elevar el espíritu (opinión de Charlotte sobre los poemas de Emily).
Emily Brontë (fragmentos) de Winifred Gérin
CUMBRES BORRASCOSAS

Cumbres borrascosas es un gran relato social de la época, que a partir de la pasión de Catherine y Heathcliff muestra situaciones nuevas, como el maltrato, el alcoholismo o la decisión de una mujer.
Alvaro Pombo
Es una obra tan extrema e inclasificable como pudiera serlo Moby Dick.
Jorge Luis Borges
Absolutamente única como novela y como literatura de terror es la famosa Cumbres borrascosas (Wuthering Heighs, 1847) de Emily Brontë, con sus demenciales paisajes de los páramos desolados de Yorkshire barridos por el viento y las vidas distorsionadas y violentas que lo habitan.
Aunque la historia trata principalmente sobre las pasiones humanas en conflicto y agonía, el titánico escenario cósmico que sirve de marco para la acción permite el surgimiento del horror en su forma más espiritual.
Heathcliff, el héroe-villano de esta novela, es un extraño niño abandonado que se expresa únicamente en un curioso galimatías, y que es rescatado de las calles por una familia a la que precipita en la ruina.
Más de una vez se sugiere que él es un espíritu diabólico y no un ser humano, y lo irreal adquiere perfiles insinuantes en la experiencia de un visitante que se estremece al escuchar el llanto de un niño fantasma en una ventana.
Entre Heathcliff y Catherine Earnshaw existe una relación mucho más honda y terrible que el amor humano. Después de la muerte de Catherine, Heahclff profana por dos veces su sepultura, y se ve acosado por una presencia impalpable que no puede ser otra cosa que el espíritu de la muerta, el cual invade cada vez más su existencia hasta que por fin el hombre percibe la cercanía de una mística unión.
Afirma darse cuenta de que está por producirse un extraño cambio y deja de alimentarse. Por las noches, se pasea por los alrededores de la casa o abre la ventana que esta junta a su lecho. Cuando muere, la ventana continúa abierta al viento y la lluvia, y una extraña sonrisa ilumina el rígido rostro. Es enterrado junto al túmulo que estuvo visitando durante dieciocho años, y los pequeños pastores del lugar aseguran que aún sigue paseando con su Catherine en el cementerio y en el páramo bajo la lluvia.
Sus rostros suelen aparecer también, durante las noches de tormenta, tras los ventanales de Cumbres borrascosas.
El terror espeluznante en la obra de Emily Brontë ya no es un simple eco gótico, sino la tensa expresión de la angustia del ser humano ante lo desconocido. En ese aspecto, Cumbres borrascosas se ha convertido en el símbolo de una transición literaria e inicia el crecimiento de una nueva y saludable tendencia.
El significado de un libro, que tan a menudo se halla apartado de lo que sucede y lo que se dice, y que consiste más bien en alguna conexión que han tenido para el escritor cosas de por sí distintas, es por fuerza difícil de comprender. Eso ocurre sobre todo cuando, como las Brontë, el escritor es poético, y su significado inseparable de su lenguaje y en sí más un estado de ánimo que una observación concreta. Cumbres borrascosas es un libro más difícil de entender que Jane Eyre, porque Emily fue mejor poeta que Charlotte. Cuando Charlotte escribía, decía con elocuencia y esplendor y pasión: «amo», «odio», «sufro». Su experiencia, aunque más intensa, está a la misma altura que la nuestra. Pero no hay un «yo» en Cumbres borrascosas. No hay institutrices. No hay patronos. Hay amor, pero no es el amor de los hombres y las mujeres. A Emily le inspiraba una idea más general. El impulso que la urgía a crear no era su propio sufrimiento o sus propias heridas. Ella contemplaba un mundo escindido en un gigantesco desorden y sentía dentro de sí la potestad de unirlo en un libro. Se puede percibir esa gigantesca ambición en toda la novela; una lucha, medio frustrada pero de una convicción soberbia, por decir algo a través de sus personajes que no sea simplemente «amo» u «odio», sino «nosotros, toda la raza humana» y «vosotros, los poderes eternos…», queda inacabada la frase. No resulta extraño que así fuera; más bien es asombroso que pueda hacernos sentir lo que tenía dentro y quería decir.
Surge en las palabras medio articuladas de Catherine Earnshaw: «Si todo lo demás sucumbiera y él quedara, yo seguiría existiendo; y si todo lo demás permaneciera y él fuera aniquilado, el universo se volvería un gran extraño; yo no podría parecer parte de él». Aparece de nuevo en presencia de los muertos: «Veo un reposo que ni la tierra ni el infierno pueden romper, y siento la convicción de la otra vida infinita y sin sombras, la eternidad en la que han entrado, donde la vida es ilimitada en su duración, el amor en su compasión y la alegría en su plenitud». Esta sombra del poder que subyace en las manifestaciones de la naturaleza humana, y que las eleva ante la presencia de la grandeza, es lo que da al libro su colosal estatura en comparación con otras novelas.
Pero no le bastó a Emily Brontë con escribir unos cuantos poemas, con proferir un grito, con expresar un credo. En sus poemas lo hizo, de una vez por todas, y sus poemas quizá sobrevivirán a su novela. Pero era novelista, a la vez que poeta. Tenía que emprender una tarea más laboriosa y más ingrata. Tenía que hacer frente a la realidad de otras existencias, luchar con el mecanismo de las cosas externas, levantar, con forma reconocible, granjas y casas y reproducir las palabras de unos hombres y mujeres que existían con independencia de ella. Y así alcanzamos estas cimas de emoción, no mediante el grito o la rapsodia, sino oyendo a una muchacha cantarse viejas canciones a sí misma, mientras se mece en las ramas de un árbol; observando las ovejas del páramo pelar la grama; escuchando el suave viento que sopla por entre la hierba. La vida de la granja con todos sus absurdos y su improbabilidad se muestra ante nosotros. Se nos brindan todas las oportunidades de comparar Cumbres borrascosas con una granja de verdad, y a Heathcliff con un hombre de verdad.
¿Cómo, se nos permite preguntar, puede haber verdad o discernimiento o los matices más sutiles de emoción en hombres y mujeres que se parecen tan poco a los que nosotros mismos hemos visto? Pero incluso al preguntarlo vemos en Heathcliff al hermano que una hermana de genio podría haber visto; él es imposible, decimos, pero aun así ningún muchacho en la literatura tiene una existencia más llena de vitalidad que la suya. Así ocurre con las dos Catherine; las mujeres nunca podrían sentir como ellas o actuar de ese modo, decimos. A pesar de todo, son las mujeres más adorables de la narrativa inglesa. Es como si ella pudiera hacer trizas todo aquello por lo que conocemos a los seres humanos y llenar esas transparencias irreconocibles con una ráfaga de vida de tal índole que trascienden la realidad. La suya, pues, es la más excepcional de todas las capacidades. Supo liberar la vida de su dependencia de los hechos; con unos cuantos toques, indicar el espíritu de un rostro para que no necesitara cuerpo; hablando del páramo, hacer que el viento soplara y rugiera el trueno.
Virginia Woolf
GENEALOGÍA DE LOS PERSONAJES
CUMBRES BORRASCOSAS
GRANJA THRUSCROSS
NELLY DEAN
ALGO SOBRE JOSEPH
DIALOGOS DE JOSEPH
Retrato de las hermanas Brontë (de izquierda a derecha, Anne, Emily y Charlotte) realizado por su hermano Patrick Branwell
POEMAS
Nacida en Thorton, Yorkshire, hija de un padre pastor anglicano austero y pobre pero que siempre les permitió leer, visitar bibliotecas y dedicarse a la literatura. Emily Brontë (1818-1848) publicó solo una novela, «Cumbres borrascosas», considerada una obra maestra. Escribió apenas unos 200 poemas, suficientes para ser incluida entre los grandes poetas del romanticismo inglés del XIX, época en la que coincide con Byron, Keats o Shelley, con W. Wordsworth y W. Blake, con Robert Browning y Elizabeth Barrett, con Cristina Rossetti.
Sin embargo se dice que quien más le influyó fue Samuel Taylor Coleridge, uno de los fundadores del romanticismo inglés del XIX, el autor de la «Balada del viejo marinero» donde un viejo barco es arrastrado hacia el hielo, un albatros, símbolo auspicioso, es matado por el marinero lo cual genera la pesadilla de la imposibilidad de huir de esa maldición, yendo cada vez más hacia lo profundo del frío, hasta desprenderse del cadáver del albatros.
En 1846 publicó sus poemas en un libro, conjuntamente con sus hermanas Charlotte y Anne , bajo el pseudónimo de Currer, Ellis and Acton Bell. Usando la inicial de sus nombres y apellido crearon unos pseudónimos puesto que en aquella época no se consideraba la literatura, o la poesía, como adecuado para las mujeres y con toda seguridad no hubieran sido publicado el libro. Se dice que apenas vendieron dos ejemplares.
En 1847 las tres hermanas, con pseudónimo masculino, editan su única novela, Emily publica «Cumbres borrascosas» mientras Charlotte y Anne publicaban «Jane Eyre» y «Agnes Grey». Desarrollan su mundo interior e imaginario en un mundo de silencio y soledad profundamente relacionado con la naturaleza de su condado natal, Yorkshire.
En las tres novelas se crean protagonistas femeninas decididas y valientes, con criterio propio, que viven historias de amor imposibles. «Cumbres borrascosas» es además la apuesta por el amor-pasión, aquel que sobrevive a la muerte, a distancias de status o conveniencias sociales.
El fondo del paisaje poético es la vista cotidiana de un pequeño pueblo, de pocas casas, con su iglesia, cementerio y escuela. La naturaleza, como escenario y como metáfora, con inviernos largos, fríos y ventosos frente a veranos cortos con páramos de cardos y brezos en flor. A las afueras, aislados del mundo, se encuentran viejos castillos, casas señoriales y numerosos cottages (casas de campo) que probablemente inspiraron a las hermanas en el momento de crear las residencias de sus novelas.
La figura del paisaje es su interrelación con el mundo real desde su propio mundo interior y su ansia de huida, de trascendencia. En la intensidad de algunos de sus versos se puede intuir o reconocer los caracteres de Heatcliff, Catherine Earnshow o Edgar Linton.
No se puede entender la obra de Emily Brontë sin mencionar los reinos imaginarios que en su niñez crearon los cuatro hermanos, Gondal para Emily y Anne, Angria para Charlotte y Branwell, el hermano pequeño. Junto a los reinos crearon leyes, costumbres, rivalidades e intrigas que dejaron escritas en crónicas y poemas.
En el poema “Estaba sola”, escrito en 1837, una joven poeta busca salida a los pensamientos del alma, del corazón y la mente: un atardecer de verano que ve desvanecerse entre las cumbres y el llano pero se encuentra con la imposibilidad de poder expresarlos en todo su amplitud. Esta imposibilidad de trascribir lo ansiado le lleva a dudar de sí misma, un deseo, un sueño, que proviene de la infancia donde la fantasía se extendía con facilidad, Me pregunté: ¿Por qué el cielo / me ha negado a mí / el precioso don que a otros ha dado / el poder en poesía sus pensamientos revelar.
No sabemos qué quería expresar, al no poder escribir ese poema, mis dedos han pulsado una cuerda muda, termina expresando esa impotencia que aumenta la sensación de soledad. El poema finaliza con una derrota, y mi esforzado afán me advierte: «No luches más, porque es en vano».
Apenas salió de su pueblo natal excepto por una estancia en Bruselas (1842), junto a su hermana Charlotte, para estudiar francés y piano con vistas a fundar una escuela propia. Pero la muerte de su tía materna, que financiaba el viaje, les hizo regresar apresuradamente.
Emily queda al cargo de la casa y de su hermano Branwell, enfermo por sus adicciones al alcohol y al opio. Las tres hermanas siguieron con su proyecto de crear una escuela infantil, otro fracaso puesto que no hubo ni una sola inscripción.
En el poema descriptivo “A la torre de la vieja iglesia” la autora enumera los elementos que conforman su mundo poético: la vieja iglesia, la lluvia otoñal, los tristes vientos, las densas sombras, el cielo sombrío. El último verso deja salir un suspiro: tristes pensamientos se alzaron en mi mente… finalizando con unos puntos suspensivos que son una puerta entreabierta a un mundo que desarrollará en los siguientes poemas.
“Lejos, muy lejos, está la morada de la paz”, el poema comienza con un verso que afirma que la paz buscada está lejos de la vieja iglesia, lejos de su paisaje habitual, allá donde el desánimo permanece, Consumido, cansado va el caminante […] vacilante, desfallecido, quisiera morir. La idea de la muerte como un lugar donde encontrar el sosiego para el alma será una constante en su poesía. A pesar de que quisiera desfallecer y tumbarse a un lado del camino, y si aun de tu voluntad desesperas / acalla sus voces en tu pecho, queda un soplo de vida, un último esfuerzo para alcanzar la morada de la paz.
En su poesía el sentimiento se derrama más allá del mundo real, con las armas de la imaginación trasciende la primera emoción, su romanticismo se extiende en las visiones de otros mundos. Su visión de la vida está basada en la sensibilidad interna, en la esencia de su percepción, en la expresión personal. No es importante la intensidad del sentimiento sino la intensidad de la expresión.
Quizás uno de los poemas más hermosos escritos por Emily Brontë sea “Sleep brings no joy to me” (No me trae el sueño alegría). Construido por seis estrofas de 4 versos, de 6 y 8 sílabas, rimados abab y con ritmo marcado por una pausa en el centro del verso. Cada estrofa comienza con el mismo verso excepto por una palabra, No me trae el sueño alegría dice el primer verso, después cambiará alegría por reposo, esperanza, valor, amigo y deseo.
La estructura de cada estrofa es precisa e idéntica, en los dos primeros versos señala el mundo onírico que decepciona al no traer lo deseado, No me trae el sueño alegría / los recuerdos nunca mueren; los dos siguientes versos expresan el desaliento de la poeta, mi alma es dada a la tristeza / y entre suspiros vive.
El poema avanza con lo no sucedido, la ausencia de reposo, de esperanza, de valor que va haciendo su existencia más amarga, árida, desolada, sin esperanza.
Las dos últimas estrofas expresan el ansía del amigo, la ternura, el deseo, el abrazo que ayude a soportar la vida, No me trae el sueño el deseo / de apretar en mi pecho mi acosado corazón; al final del poema acaba bajando los brazos y aceptando la derrota, solo quiero alcanzar el olvido / en el sueño eterno de la muerte.
Hay cambio sustantivo en el poema “Vendré a ti”, la autora se transmuta de sujeto receptora a sujeto donadora. Ya no espera el sueño, la muerte, la ensoñación para escapar del mundo corriente sino que es ella a quien se espera, Vendré a ti, / cuando estés muy triste, cuando el día desaparezca, no haya lugar a alegría, cuando el verdadero sentir de tu corazón / reine imparcial y absoluto. Quien recibe también teme puesto que será una fuerza poderosa y regeneradora, precursora de un poder más fuerte / que a quien anuncia es a mí.
En “Corona de nieve” será de nuevo una forma de fantasía la que anime su ser, el peso del corazón y la tristeza, Pero tú, en forma de ángel, cuando yo despertaba, será la figura celeste la que ilumine más allá de tinieblas, cielos nubosos, montañas abruptas, más queridas para una montañera / que siempre ha amado la nieve.
El “ángel” es una presencia silenciosa que despierta, con una melodía, su espíritu cuando llega y da un ánimo que permanece cuando se marcha.
Si por costumbre los poemas se titulan con el primer verso, Emily Brontë rompe esta norma tácita escribiendo dos poemas con idéntico título: “Estrofas”, el primero con 12 estrofas y el segundo con apenas 5. Formalmente están escritos en cuartetos (estrofa de 4 versos de 6 sílabas, rimados 1º y 3º, verso 2º y 4º). Evidentemente métrica y rima se pierden en la traducción pero la traductora y prologuista Rosa Castillo consigue trasladar el alma y el ritmo de los versos a un idioma distinto.
En el primer poema titulado “Estrofas” contrapone su amada y ruidosa naturaleza, Hay un lugar entre ásperas colinas / donde el invierno brama, que es a su vez su lugar en el mundo pues es la pasión la que despierta a la poeta, es el retorno a su esencia, el hogar amado al que regresar una y otra vez, La casa es vieja, los árboles desnudos / y sin luna se comba la neblinosa bóveda. La autora sueña si alguna vez regresará allí o buscará otros ámbitos menos áridos, Un verde senderillo solitario / que se abre a una amplia llanura [] un cielo tan claro, una tierra tan tranquila.
Ambos mundos están comunicados por caminos escarpados, desde uno se puede ver fácilmente el otro, uno en la montaña y el otro en el valle, pero la realidad ha borrado lo que pudo la fantasía / y ya oigo cerrar las rejas de mi prisión. La ilusión dura el tiempo que tiene elevada la mirada durante su hora de descanso, después ha de volver a su dura realidad.
En el segundo poema titulado “Estrofas” también enfrenta el mundo de las sombras y tormentas, que se siente tentada a seguir, al mundo de la abundancia y el ocio. Rompe esta dicotomía eligiendo un tercer camino, Caminaré por donde mi propio ser me lleve, / me afrenta conseguir otro guía, pues esos montes le han revelado gloria y dolor más allá de lo indecible, mientras en la tierra su corazón despierta el sentimiento/ puede del Cielo y del Infierno ambos mundos centrar.
El páramo circundante, árido, golpeado por vientos y lluvia, la soledad, la introversión marcan sus versos, expresando, a una vez, dolor y nostalgia, así como encontrando refugio y consuelo en el amor por la naturaleza. Emily, al igual que sus hermanas, no pertenecen al mundo, la sociedad, la época en la que nacen, viven y mueren. Viven en la tensión de un universo particular, conociendo que ese mundo propio no puede trascender si no es más allá de la muerte.
En “Aquí está” deja soplar la fantasía sobre pensamientos, sobre la mejilla, sobre la mirada. Es la fantasía un viento que barre el mundo y borra la memoria dejando libertad, y eres ahora un espíritu vertiendo / en toda su presencia / la esencia del rugir de la tempestad /y de la tempestad su descenso.
Y cuando ya esté libre de toda presencia de realidad y ausente de vida entonces se abrirán las puertas de la cárcel, comenzando una nueva vida, Así en verdad cuando tu pecho esté frío / se liberará tu alma de su prisión.
Vuela la poeta constante, de una herida a otra, desde el gozo del alma liberada a la oscuridad de la muerte y los cementerios. En el título del poema “Veo junto a mí los sepulcros grises” se señala una forma de entender la vida, de interpretar su paso, acercándose una y otra vez a los pensamientos más oscuros, están solos y en silencio los muertos; / bajo el césped, bajo el barro.
En su biografía está la muerte de su madre cuando era un niña, la muerte de familiares, la enfermedad y la escasez, ya no le quedan más lágrimas, Quiero solo recordar la mitad de la aflicción / que he visto, oído y sentido aquí. Así la muerte y el cielo que le espera tras ella se convierte en su mejor refugio, ¡Dulce morada de luz!, allí donde descansan los que se han desprendido del cuerpo mortal, Está bien que ellos vivan en éxtasis / su larga y feliz eternidad.
Las últimas estrofas hablan de una madre, en el otro lado (de la alegría), y de unos hijos en este lado de la vida (de la desdicha sin fin), ansiando su reunión en un lugar de calma, No hay más allá deslumbrante morada / que pueda robar el amor de tus hijos.
En el poema “¡Qué hermosa brilla” la autora vuelve al tema central de su poética, la fantasía como fuente de todos sus bienes, Sí, ven Fantasía, mi hada querida / besa suave estas sienes palpitantes, frente a un mundo que no considera propio, El mundo se aparta. Oscuro mundo adiós. / Feo mundo, escóndete hasta que venga el día. La noche es el momento de soñar en ese mundo de luz, el mundo es considerado un lugar de infortunios, dolor y maldad; cada cuarteto señala una de esas cualidades que quiera apartar de su vida y en el último cuarteto cada verso es una declaración, Y la Paz este letargo de aflicción / la Esperanza del alma un fantasma / la Vida un trabajo vano y breve / y la Muerte el déspota total.
El cansancio de esta lucha diaria entre un ser, que quiere trascender mediante la fantasía, y un mundo denso, detenido, es una lucha perdida. Comienza el poema “Pregunta” con cuestiones sin esperanza, ¿Qué ha dejado el día que se fue? / ¿ Qué sentimiento ha dejado en tu pecho?. El tiempo es un destino de condena, nadie lamenta si ella faltase en el mundo, es fácil abandonar este mundo pero el espíritu no se decide aún. Ha luchado tanto, ha dado tanto en esta vida y sin embargo solo tiene infortunio al punto de considerar la muerte como un descanso, / El largo combate termina en derrota / derrota asumida con serenidad / tu atardecer aún dulce resulta / y tu noche un glorioso amanecer.
La poesía de Emily Brontë viaja desde el mundo interior a través del espíritu, su introspección la lleva a la literatura como una tabla de salvación en un océano de naufragio, vive en el interior y escribe como una forma de liberarse. Crea una manera única de expresión, en forma y fondo, sigue sus propias leyes y deja que la inspiración transforme la fantasía, motor de deseo, en imaginación, material con el que construir sus poemas.
En uno de los pocos poemas que no suceden en su paisaje habitual, “Tumba en el mar”, las preguntas se suceden sin respuesta, -sobre el clima, las visitas a la tumba o sobre el lamento del vivir- pues de nuevo vuelve al tema de la muerte aunque en este poema recomienda llorar en el mar, como si fuera un consejo para Heatcliff que por las noches solloza y maldice en la tumba de Kahty, Pero si llorar sobre su tumba / es un favor tan precioso / derrama tus lágrimas sobre las aguas del mar / y a ella presto llegarán.
El poema “A la imaginación” es considerado como una poética de Emily Brontë pues en él expresa su concepto de la vida, del mundo, del dolor y su salida a través de la fantasía y la imaginación, elementos que contraponen su mundo interior frente a la razón asociada a la realidad de la vida, Tan triste es el mundo de fuera / que el mundo interior doblemente estimo. La razón se queja de la tristeza en la que vive y desanima cualquier salida, y la Verdad puede brusca pisotear / las flores que la Fantasía ahora mismo aireó. Mas la imaginación está siempre a su lado para traer vida y hablar de otros mundos tan reales como los que propone la razón y la verdad, / te acojo, oh benéfico poder / solaz de humanos cuidados / y esperanza para cuando la esperanza cesa.
En un luminoso poema, “No es cobarde mi alma”, reivindica su fuerza, la de su alma, frente a la tierra, las creencias y el temor; surge la vida como elemento interior que puede vencer a las inquietudes, oh Vida que en mí descansas / como yo, Vida Eterna, descanso en Ti.. Un espíritu que vive en el otro mundo sobrevuela este mundo y despliega su dominio, reina y medita / cambia, sostiene, disuelve / crea y da vida. El poema proclama, al fin, la victoria sobre la muerte, el abandono de la realidad y la razón opresora, No hay lugar para la muerte / ni átomo que su poder haga inútil / puesto que tú eres el aliento y la vida / lo que tú eres nunca se podrá extinguir.
La prologuista y traductora Rosa Castillo nos habla del concepto esencial de la imaginación: “Su poesía está dominada por la imaginación, ese magic power que la llamaba Coleridge, sin el cual se produciría el vacío […] ¿Qué es en definitiva la imaginación para Colerigde? La define con toda claridad: ««The link between the known universe and the transcendental realm» El nexo entre el universo conocido y el reino transcendental, reino en el que se mueve nuestra escritora, mas para llegar a él la imaginación necesita el valor agregativo de la fantasía que es la parte activa de la mente [.…] ella sabe que la imaginación existe como un ente autónomo: escribe un bello poema A la imaginación en el que agradece que le separe del feo mundo exterior, de world whitout, que desprecia, del world whitin que doblemente estima; esta separación es constante en el mundo de Ellis Bell (Emily Brontë).”
En septiembre de 1848 fallece su hermano Branwell, se dice que en su funeral enfermó de un resfriado que pronto se convirtió en tuberculosis, pasando sus últimos meses recluida en la cama, dejándose lleva por la muerte. Emily Brontë falleció un 19 de Diciembre del año 1848, apenas había cumplido los 30 años dejando una obra maestra de la narrativa, «Cumbres borrascosas», y un conjunto de poemas que merecen pertenecer a lo más exquisito y célebre de la poesía inglesa del XIX.
Dime, sonriente criatura, dime
¿qué es para ti el pasado?
Un atardecer suave en invierno
y el viento que gime tristemente.
Y esta hora de ahora ¿qué es?
Un ramillete de flores y hojas
donde se ha posado un pajarillo
listo para alzarse al vuelo.
Y el futuro, bendito mío, ¿qué es?
Un mar bajo un sol de nubes,
poderoso, glorioso, deslumbrante
mar que se abre al infinito.
Oigo el viento suspirar
en sus notas más tristes del Otoño,
tantas hojas secas han caído
en el suelo como flores de primavera.
Esta oscura noche me incita
a vagar por la lejanía,
y viejos sentimientos me acosan
como a su presa las aves rodean.
Fueron un tiempo tiernos y mimados,
mas ahora tristes y sombríos;
quisiera que sus lentas sombras fenecieran
cuando su luz desapareciera de mi frente.
Como los viejos que imitan
la dulzura de un niño,
así mi alterado y duro corazón se inclina
a encontrarse con sus indómitas quimeras.
Si pudiera con viejos placeres
comprar el olvido de viejos dolores,
que por la muerte de mis tiernos tesoros
mis hondos pesares murieran.
Acaso entonces otro amanecer
podría en lo alto feliz alborear,
otro verano dorar mi mejilla,
y dorar mi alma otro amor.
En la dulce medianoche de verano
sin nubes brillaba la luna
por la ventana abierta de la estancia
y los rosales humedecía de rocío.
Yo estaba silenciosa meditando,
el suave viento ondeaba mi cabello,
y me contaba que el cielo es glorioso
y bella la tierra dormida.
No necesitaba su aliento
para que estos pensamientos llegarán amí,
pero aun quedo me susurraba:
¡Cuán oscuros deben estar los bosques!
Sus apretadas hojas con mi rumor
mumullan como un sueño,
y sus miles y miles de voces
dotadas de alma humana parecen!
Yo dije: Vete, gentil cantor,
tu galante voz es dulce,
pero no creas que su música
puede llegar a mi mente.
Juega con mi olorosa flor,
la rama tierna del árbol joven,
y deja mis humanos pensamientos
su propio curso correr.
El viento errante no me dejaba,
su beso se hizo más caliente.
Ven, suspiró con dulzura,
te conquistaré aunque no quieras.
¿No hemos sido amigos desde niños?
¿No te he amado mucho tiempo?
Tanto como tú has amado la noche
cuyo silencio despierta mi canción.
Cuando tu corazón esté en reposo
bajo las losas del cementerio,
yo tendré tiempo de llorar
y tú para estar sola.
No es cobarde mi alma.
No tiembla ante la atormentada esfera del mundo.
Veo cómo brillan las glorias del cielo,
y cómo brilla mi fe que del temor me defiende.
Oh Dios que estás en mi pecho,
poderosa Deidad siempre presente,
oh Vida que mí descansas,
como yo, Vida Eterna, descanso en Ti.
Vanas, del todo vanas,
son las miles de creencias
que mueven el corazón del hombre,
inertes como juncos marchitos,
inútiles como la espuma del ancho mar,
para despertar en algún alma la duda
asida tan fuerte por tu infinitud,
con tanta fuerza anclada
en la segura roca en la Inmortalidad.
En un amplio abrazo de amor
tu espíritu anima años sin fin,
y allá arriba reina y medita,
cambia, sostiene, disuelve.
crea y da vida.
Aunque la tierra y la luna desaparecieran,
los soles y universos dejaran de existir
y tú te quedaras solo
toda existencia estaría en ti.
No hay lugar para la muerte,
ni átomo que su poder haga inútil,
puesto que tú eres el aliento y la vida,
lo que tú eres nunca se podrá extinguir.
A la imaginación
Cuando cansada de los cuidados de un largo día,
cuando sólo un dolor por otro en el mundo se trueca,
cuando ya perdida estoy, al filo de la desesperanza,
Sólo me renueva tu dulce voz.
Oh fiel amiga no estoy sola
mientras me puedas hablar así.
Tan triste es el mundo de fuera
que el mundo interior doblemente estimo;
en el tuyo no hay crimen, no hay duda ni odio,
y nunca se alza la sospecha fría.
Allí, tú y yo y la Libertad
reinamos sin disputa.
¿Qué importa que a nuestra vera
peligro, maldad o tinieblas haya
si recogido en nuestro pecho
hay un cielo brillante y claro
calentado por un sin fin de rayos
de unos soles que no saben del invierno?
Acaso la Razón proteste
por la triste realidad de la vida
y advierta al doliente corazón
cuán vanos sus sueños queridos puede siempre ser,
y la Verdad puede brusca pisotear
las flores que la Fantasía ahora mismos aireó.
Pero tú estás siempre ahí, para volver a traer,
con su soplo de vida,
las eternas visiones al seco manantial
y sacar de la muerte una vida más viva,
y hablar al oído con divina voz
de otros mundos reales tan bellos como el tuyo.
Apenas confío en tus fantasmales éxtasis,
pero en las horas tranquilas de la tarde,
en permanente gratitud,
te acojo, oh benéfico poder,
solaz de humanos cuidados
y esperanza pura cuando la esperanza cesa.
Un monmento, sólo un momento
estará recogida la ruidosa turba,
y yo puedo cantar y puedo reír,
un momento será fiesta para mí.
¿A dónde irás mi acosado corazón?
Muchas tierras ahora te invitan;
lugares cercanos, otros distantes
te ofrecen reposo, mi cansada frente.
Hay un lugar entre ásperas colinas
donde el invierno brama y la lluvia es torrencial;
pero si triste la tempestad hiela
hay una luz que vuelve a calentar.
La casa es vieja, los árbores desnudos,
y sin luna se comba la neblinosa bóveda.
¿Pero qué hay en el mundo más queridp
más deseado que el propio hogar?
El pájaro mudo posado en la roca,
el húmedo musgo goteando en el muro,
cubierto de hierbas el sendero del jardín.
¡Qué amor le tengo a todo, qué profundo amor!
¿Iré allí?
¿O buscaré otros climas, otros cielos,
donde otras lenguas hablen de música conocida,
con acentos queridos a mii corazón?
Sí, soñaba, la desnuda estancia,
la vacilante llama se apagó,
y desde el fondo de tristes tinieblas,
pasé a la luz de un claro día.
Un verde senderillo solitario
que se abre a una amplia llanura,
a lo lejos, una cadena azul de montañas
difuminada y de ensueño, cercan en derredor.
Un cielo tan claro, una tierra tan tranquila,
tan dulce, tan suave, tan susurrante el aire
y las ovejas del páramo pastando por doquier
aún hacen más hondo este encanto de ensueño.
Éste era el panorama, tan conocido,
todos los senderos, los de aquí y de allí, conocía,
que serpenteando en los undosos relieves,
han trazado la ruta del ciervo vagabundo.
Sólo una hora me he podido demorar,
que bien valió una semana de trabajo,
pero la realidad ha borrado lo que pudo la fantasía
y ya oigo cerrar las rejas de mi prisión.
Mientras estaba con los ojos levantados
en éxtasis profundo y luminoso,
mi hora de descanso ha sido fugaz
y me ha vuelto al duro cuidado
El filósofo
Lo digo y lo repito
y lo repetiré hasta la muerte,
tres dioses hay dentro es este cuerpito
que noche y día se pelean.
Todos no cabrían en el cielo,
pero todos caben en mí;
¡y míos deben ser hasta que yo olvide
mi presente entidad!
¡Oh, cuándo será en en mi pecho
habrán cesado sus peleas!
¡Cuándo vendrá el día en que descansaré
y dejaré de sufrir!
- Vi un alma en pie, Hombre,
donde tú estás, hace una hora;
tres ríos, igual de profundos
y caudalosos, bañaban sus pies.
De oro parecía uno, el otro de sangre
y el tercero de zafiro,
pero sus tres cursos se unían
para verterse en un mar de tinta.
El alma bajo su mirada cegadora
abarcando aquel océano de Noche oscura,
y el abismo, inflamado de dicha,
chisporrotéo por todas partes,
calro como el sol y mucho más bello
que sus tres fuentes divididas.
Ah, esa Alma, yo la he contemplado
y buscado a lo largo de mi vida.
La busqué en el Cielo y el Infierno,
sobre la Tierra y en el Aire,
incesante búsqueda, siempre equivocada.
Si sus magníficos ojos hubieran iluminado
al menos una vez esas nubes que me desorientan,
nunca habría gritado como un cobarde:
¡dejad de pensar, dejad de ser!
Nunca habría clamado por la bendición del olvido,
ni a la muerte tendido mis manos ávidas,
implorando cambiar por un repososin vida
esta alma que siente, este aliento vivo.
¡Oh,dejadme morir, que poder y querer
acaben su lucha cruel
y que el Bien vencido y el Mal vencedor
se fundan en un único reposo.
MISTICISMO
Retrato de Emily pintado por su hermano Branwell (1834)
A pesar de que Emily Brontë fue la hija de un ministro evangélico estricto, el simbolismo de su poesía refleja con frecuencia el proceso de duda que prevaleció en la sociedad victoriana (Gilmour, p. 72). El alter ego que construyó mediante su poesía respondió a una princesa llamada A.G. Almeda (A.G.A.), valiente y poderosa, pero que también poseía cierto grado de tiranía y egoísmo (Chitham, p. 97) y que posteriormente se convirtió en la reina de Gondal, la tierra fantástica e imaginaria de las hermanas Brontë. Gilbert y Gubar sostienen que A.G.A hizo que todos los hombres se pusieran a sus pies, sumiendo en la desgracia a todos los que la amaban, insinuando aquellos aspectos oscuros y deseos profundos de la psique de Brontë (Gilbert and Gubar, p. 256). Emily Brontë se convirtió en un “personaje recluido y antisocial” que “vivió dentro de sí mismo”, cuya imaginación fue alimentada por sus amados páramos de Yorkshire (Chitham, p. 142). Una de sus primeras experiencias formativas, en la que se encontró al borde de la muerte en los páramos, modeló su visión de los mismos como bellos e irresistibles. Estos parecían combinar muerte y deseo y Emily incorporó dicha mezcla en el simbolismo inusual tanto religioso como espiritual que recorre su obra.
Mientras otras poetas femeninas victorianas se comunicaron mutuamente a través de un único discurso (female poets entered into a unique discourse), Emily Brontë se aferró a su inconfundible identidad masculina. Su alter ego podría haber sido una mujer rica y dominante, pero su musa fue masculina y Homans sugiere que Brontë tenía “visitantes masculinos” que crearon una “experiencia visionaria”, comparable a “la musa de los poetas masculinos” (Victorian Women Poets , p. 84). El tono personal en “Mi refugio” describe los pensamientos que “escondió” dentro de su alma en la “luz que permanece oculta de los hombres” y cuyo “rayo cariñoso” escapa al control del sistema patriarcal o de un Dios masculino (Victorian Woman Poets , p. 209). Ve a los cristianos como “desgraciados”, “gritando” alabanzas vacías en una “fraternidad de miseria”, con una “locura que diariamente la enloquece”. Brontë defiende que estuvo ante el brillo del cielo y el “deslumbramiento” del infierno y que forjó su propio camino entre “la canción de un serafín y el gemido del diablo”. Sólo “tu alma solitaria” puede conocer la verdad, y su llamada a “Mi refugio incondicional” no es una súplica a Dios, sino a su enigmática musa masculina que gobierna su creencia espiritual. Este es epitomizado como la vida dadora de un “aire suave” y de un “viento acogedor que se funde sigilosa” y amorosamente en torno a ella. Se muestra agradecida de que sus “visitantes” permitan a su “corazón salvaje” “alegrarse” y conformarse con el papel que se ve forzada a cumplir dentro del orden del sistema cristiano y patriarcal. Su poesía se interesa por las traiciones de la mente y del cuerpo, en un intento por encontrar respuestas a las preguntas que su sociedad no le permite hacer. El simbolismo religioso y la espiritualidad idiosincrásica de Emily Brontë constituyen una manifestación de ateísmo panteísta, a pesar de que continuó asistiendo a la Iglesia “permaneciendo sentada e impasible como una estatua”, y parece ser que esta mansa pasividad se yuxtapuso con una ira incontenible y una pasión frustrada (Chitham, p. 156).
La musa masculina de Brontë está intrínsecamente unida a los páramos y vinculada al viento oriental que soplaba en ellos. El viento está ligado a la esencia espiritual de un dios, y a menudo implica “una reinterpretación de la narrativa medular de la caída de la mujer de Milton y de la cultura occidental”, tan indisociable del Catolicismo de Gerald Manley Hopkins y de Coventry Patmore (Gilbert y Gubar, p. 255). Su relación sensual con su musa parece haber sido “amenazadora e inspiradora”, envolviendo su poesía con una nostalgia profunda y un deseo de realización (Victorian Women Poets , p. 89). Brontë simboliza la creencia espiritual y la espiritualidad secular mediante su amor por la naturaleza, tipificándolas como las “sombras de los muertos” que ve a su alrededor. Gilbert y Gubar contemplan la poesía y las creencias de Emily Brontë como fuerzas que amenazan las rígidas jerarquías del orden celestial e infernal, dado que Brontë creía que los muertos permanecían en la tierra y que se movían en torno a ella (Gilbert y Gubar, p. 255). También veía a amigos y familiares fallecidos observándola por la noche, y este tipo de realidad-ensoñación presenta algunas similitudes con el “estado nocturno del alma” de Christina Rossetti (Victorian Women Poets , p. 176). El simbolismo religioso de Brontë no pone esperanzas en una vida eterna y su espíritu languidece en “una desesperación absoluta”. Su poema “No lloraré” se hace eco del soneto de Gerard Manley Hopkins “Peor imposible”, cuando proclama que “los días del verano” acabarán en “oscuridad” y que la vida concluye en la “tumba” (Chitham, p. 141). Las creencias divergentes de Hopkins y de Brontë requieren diferentes tipos de simbolismo religioso, pero ambos experimentaron sentimientos profundos de angustia y de aislamiento. Brontë cree en el “alma que suspira” pero también en que la muerte libera un olvido lento más que una vida infinita. Desea descanso y “libertad” para un “alma sin cadenas” y libre (Chitham, p. 146).
El simbolismo religioso en “El filósofo” destaca los sonidos del alma mientras ella se castiga por “soñar/sin haber alcanzado la Iluminación” (Chitham, p. 161). Fuera, el mundo es “blanco” y hay cabida y luz para “un alma que se extiende por el espacio”. La siguiente estrofa aparece en cursiva y articula deseos prohibidos, mientras la cursiva simultáneamente recalca y disculpa el desafío. Anhela dormir “sin identidad” con la imaginación y el pensamiento anulados a medida que las penas terrenales desaparecen. Su visión irónica del cielo patriarcal sugiere que no puede contener ni incluso “medio satisfacer” los “deseos salvajes” que experimenta. No teme al “infierno intimidador” o a sus “fuegos inconsumibles” porque su “voluntad” es más fuerte. La siguiente estrofa está escrita aliterativamente en primera persona y confirma la fuerza de su resolución. Tiene “dentro de ella tres dioses” que “luchan día y noche”, y que claman su frustración y espiritualidad secular, únicamente fusionada con la doctrina evangélica. Los tres dioses simbolizan la Trinidad, pero componen un único triunvirato más poderoso que la espiritualidad ortodoxa porque todos se encuentran “contenidos” en su interior hasta la muerte o el renacimiento. Esta forma particular de ideología y espiritualidad individualista y panteísta se revela en su obra a través de su simbolismo religioso.
Brontë anhela “descansar” en el olvido antes que en la inmortalidad. Su musa, bajo la forma de un “espíritu” masculino, cuelga sobre ella y canaliza su ideología espiritual. El “arroyo dorado” significa el alma más que la riqueza, y la sangre sugiere la vida que fluye. La corriente “safiro” de un color semejante al cielo sobre los páramos, apunta a la pureza y la inocencia virginal así como al agua purificadora. Los arroyos fluyen en el oscuro mar de la eternidad, ofreciendo un descanso eterno y tranquilo. El “espíritu” enciende “todo con un resplandor repentino” que es “blanco como el sol” y que alude a un fuego en el alma inocente e incorruptible. El poeta constata que ha buscado y que “buscó” a su “espíritu” y “profeta” en el “cielo, el infierno, la tierra y el aire”, pero que todos resultaron ser insuficientes. Añora una condición espiritual que le impida la búsqueda del “olvido” o “el tender sus manos ansiosas a la muerte”. El espíritu de su musa encarna el alma, la espiritualidad y el “aliento vital” y desea vencer “al poder y a la voluntad”, y a “la batalla cruel” sobre la tierra divina para “perderse en el reposo”, sugiriendo que el Cristianismo es la primera causa de su sumisión.
Los páramos y la naturaleza están intrínsecamente vinculados con sus creencias espirituales pero su adoración por la naturaleza difiere de la de Hopkins. Hopkins ve a la naturaleza como una parte esencial de la gloria de Dios, mientras que Brontë focaliza sobre el aspecto místico de la naturaleza y los estados de ánimo que genera, más que sobre la precisión y los detalles. Su poesía refleja los cambios en la fe y en las creencias dentro de su sociedad, como respuesta a la visión victoriana cada vez más extendida de la separación del “sentido moral de las instituciones religiosas que en un tiempo lo expresaron” (Gilmour, p. 93). El simbolismo religioso en su poesía muestra que Brontë creía en un dios o ser celestial que residía en la naturaleza, y que por tanto la religión ortodoxa y su estructura jerárquica carecían para ella de significado. Emily Brontë consideraba que la imaginación era más importante que la palabra de Dios, al tiempo que los aspectos románticos de su naturaleza engendraban una poderosa musa masculina, y que los “personajes favoritos incorporados en las situaciones románticas eran manifestaciones de aspectos de la propia Brontë” (Gilbert & Gubar, p. 254). El misticismo espiritual e individual de Brontë pone de manifiesto sus ansias profundas por crear nuevas formas dentro del pensamiento y de la escritura, mientras que su musa masculina encapsula sus deseos y anhelos íntimos. Es consciente de la presencia del alma pero no puede aceptar el concepto patriarcal y ordenado del Cristianismo, evidenciando parte del escepticismo.
