Miguel gustaba de escribir cartas a los contertulios, o tertulios como más tarde nos denominaba, cartas en su mayor parte exhortativas que nos instaban a regresar a la ortodoxia tertuliana, que nos conminaban a incrementar nuestros esfuerzos lúdico-literarios o que explicaban sus limitaciones estilísticas o su falta de talento y originalidad. Pero si uno lee dentro y rasca la coyuntura se encuentra con un sentido del humor único y con una ternura conmovedora. Os animo a que lo hagáis en esta pequeña muestra de las cartas de Miguel, nuestro Presidente.
Queridos Contertulios:
Pasada ya la fiebre del X ERLTLG volvemos a la vida normal. El sábado acontecerá LTLG ordinaria de Septiembre y tendremos un invitado excepcional: el Sr. Stiller. Espero que dé bastante juego tertuliano, pero ¿quién sabe?
Digo esto porque en los viejos tiempos llegaba una catarata de correos electrónicos con sutiles opiniones sobre el libro del mes durante la semana previa a LTLG. Ahora es difícil encontrar más de tres correos LTLG por semana.
Es cierto que resulta complicado articular una carta interesante, sobre todo teniendo en cuenta que debemos atender otras labores de LTLG (los relatos y BARATARIA, principalmente). También debemos considerar que nuestra asociación ha cumplido los diez primeros años de matrimonio con lo que, a estas alturas, la pasión se ha reducido bastante y nos hemos dicho muchas
cosas.
Sí, el problema principal de la literatura es la originalidad. Sea originalidad en lo cotidiano o en lo fantástico, cuando leemos un texto deseamos encontrar algo nuevo. Así, ciñéndonos a nuestra pequeña sociedad literaria, el índice de aciertos en el concursito a lo GAT es razonablemente alto, lo que implica que nuestra capacidad de sorprender al lector es limitada.
Lo digo sin acritud, ya que soy el primero que me agarro a los apliques de latón de nuestro templo. Según esto, os desafío, queridos contertulios, a que en el próximo ERLTLG, presentéis dos relatos: uno de latón y terciopelo, como vosotros sois, el otro que sea tal que produzca confusión de manera que el concursito a lo GAT tenga un triunfador: el relato que haya recogido
menor número de aciertos entre los contertulios.
Podría ser una nueva sección: el Relato Fantasma.
Espero vuestros comentarios.
Con afecto
Miguel S.
Queridos Contertulios:
Leo con preocupación vuestros correos sobre las celebraciones del X aniversario de LTLG, puesto que ya conocéis mis dificultades para acudir a los actos extratertulianos. Entiendo vuestro deseo de ampliar el ámbito tertuliano a todos los aspectos de la vida y admito que la propuesta de Roberto tiene un toque de romanticismo muy interesante, sin embargo, yo no podré acudir a dichos eventos y, como no quiero ser un aguafiestas, os haré llegar los libros correspondientes a la propuesta de Mayo, que creo que me corresponde presentar.
Dicho todo esto, creo, sinceramente, que el éxito de nuestra LTLG ha sido su formato: la tertulia mensual, en un viejo café, sobre un libro concreto, con un horario no demasiado flexible, con un calendario algo más manejable, pero no mucho más. Todo ello ha servido de aglomerante para
nuestra amistad y celebrar el X aniversario de dicho formato renunciando a él, me parece una traición a los ideales con los que comenzamos las tertulias y un comportamiento herético en la liturgia de nuestra diosa Granja.
Con afecto
Miguel S.
Queridos Contertulios:
Me llena de alegría comprobar que estáis vivos y en buena forma literaria.
En primer lugar, quiero felicitar al Profesor Molinero por su perspicacia en la definición del extraño opúsculo de Julio Verne. Entre en la buhardilla el siguiente tertulio.
En segundo lugar, quiero exhortaros a que mantengáis vuestro ideal tertuliano para el próximo año. Yo trataré de reservar un par de horas semanales para las actividades LTLG, con disciplina, con devoción... con dos cojones, ¡vaya!, pues reconozco que en los últimos meses no le he dedicado la atención necesaria y como en la letrilla de Quevedo:
...sépase pues, libertad
ha engendrado en mi pereza
la pobreza.
En efecto, si no trabajamos en nuestra Cruzada (¡qué bonita palabra!), si ningún tufo fascistoide, por supuesto. Repito, si no trabajamos en nuestra Cruzada literaria, nuestra asociación se irá al carajo. Debemos reorganizarnos con un detallado programa anual de actividades, con algunas nuevas que fomenten la participación de los menos abnegados:
La Microtertulia de la Granja (tertulias extra de corta duración)
Los Guerrilleros de la Literatura (la Literatura de lo muy corto)
Sirimiri de palabras (palabras bellas sutiles finamente distribuidas) y otras reestructuradas, que recuperen su esplendor perdido.
El Epistolario.
El Multiautor.
La Buhardilla.
El Certamen de Relatos.
Desde luego, es imprescindible el compromiso y la participación seria. Pensad en ello, por favor.
Con afecto
Miguel S.
P.D. Yo y mis circunstancias acudiremos a los postres.
Queridos Contertulios:
Es una discusión estéril aquella que se centra en los gustos de las personas sobre cualquier ámbito de la vida, desde la literatura al fútbol pasando por el corte de las americanas y la suspensión de los vehículos todoterreno.
Por ello no quiero entrar en gustos pero sí en costumbres que pueden aportar algo de luz sobre los asuntos que comentáis, tomando como referencia las cocinas y fogones.
Desde mi más tierna infancia he sido alimentado, me alimento y me alimentará, si Dios quiere, según las costumbres de mis abuelos y padres, es decir: “una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos”. Algunos podrán decir que hay poca variedad en esta dieta y que puede fomentar la aparición de colesterol y yo no lo niego, pero con ella he hecho tres cuartas partes de mi vida sin demasiadas dificultades.
Por otra parte, inducido por la curiosidad, he asistido a banquetes como el de Trimalción donde si bien no salían pajarillos de las tripas de un cochinillo si servían gazpacho de trilobites con reducción de positrones de nitrógeno. Tengo que confesar que esta comida me resultó sorprendente pero no he conseguido acostumbrarme a ella, me parece demasiado sofisticada para consumirla a diario.
Y finalmente, obligado por las circunstancias, he consumido autentica bazofia en cuatro continentes. En todos los casos, los guisos no fueron mortales, lo que obviamente prueba esta carta que os escribo, pero me produjeron efectos secundarios variados: venganza de Moctezuma, disentería, nauseas, rojez en la orina y muchos más.
Según esto, opino que más que el gusto, es importante la preparación de la comida de manera que aquella que está hecha con buenos ingredientes y la dedicación del cocinero nunca es rechazada por los comensales.
Pero, ¿qué ocurre cuando estás invitado a una casa y te sirven un bodrio que estás obligado a comer por tu condición de caballero?
Ni más ni menos que, después de acabar con el plato, y movido por la supuesta confianza que tienes con el anfitrión le dices: “Querido amigo, te agradezco la invitación pero la comida era mala. Por favor, la próxima vez que me invites, esfuérzate en presentarme un plato sabroso”.
A propósito, el plato que estoy degustando en estos momentos es ligero, de ingredientes sencillos, pero tan graciosamente aliñados que solo puedo pensar en la ambrosía de los dioses paganos.
Con afecto
Miguel S.
Queridos contertulios:
Hace mucho tiempo visité, con mi hermano y su novia, a los padres de ésta. Pasaban las vacaciones de verano en su pueblo natal, sito en uno de los valles montañeses del viejo reino de Castilla. El pueblo no ofrecía muchas distracciones a un adolescente; podéis imaginar casas de canto con fachadas enfoscadas y balaustradas de roble agrisadas por fríos y nevadas centenarias, sin agua corriente y con luz de baja tensión, calles de tierra y lastras rotas, poca población, en fin la España medieval con pantalones de tergal.
Aburrido y fuera de lugar, mi única distracción consistía en realizar todo tipo de preguntas estúpidas a mis mayores, que me respondían con la paciencia del que cree que la ignorancia no es una mala cualidad, si es deseo de su propietario reducir su tamaño. En una de estas sesiones, creyendo acabado mi arsenal de cuestiones, levanté la vista hacia el cielo donde una bandada de pájaros negros volaba cambiando continuamente de dirección y piando monosílabos. Aproveché la ocasión y pregunté a Ángeles, la suegra de mi hermano:
- ¿Qué pájaros son esos?
- Aviones - respondió. Y siguió con sus quehaceres, quizás pensando que la educación franquista dejaba en los jóvenes grandes lagunas.
Yo pensé que me había tomado el pelo con aquella respuesta tan cachazuda, pués ¡no sabía yo bien como eran los aviones!
Pero la duda anidó en mi interior y decidí reducir mi falta de conocimiento ornitológico. Para ello adquirí unos prismáticos soviéticos y una guía de aves con los que aprecié como buena la escueta respuesta que Ángeles me había dado algunos años antes.
Sirva este resumen para conocer a uno de los más antiguos inmigrantes africanos en la península ibérica: el avión común.
De la familia de las golondrinas, el avión común («Delichon Urbica» ¿la delicia de la ciudad?) es un ave negra azulada, con el pecho y el obispillo, zona donde el cuerpo se une a la cola, blancos y con las alas caudales con una abertura en forma de flecha, menos acusada que en el caso de las golondrinas. Vive en áreas con salientes rocosos o urbanas donde cuelga de los aleros su nido, hecho con bolitas de barro que el mismo mastica y va pegando una a una hasta conseguir un cuarto de esfera, cerrado por la pared y el voladizo del alero, dejando un agujerito por donde entra y sale para alimentar a sus polluelos con todo tipo de insectos voladores.
Sí, el avión es un vecino alegre pero no molesta a nadie, quizás por eso no haya atraído la atención de algunos contertulios. Esperemos que a partir de ahora su piar forme parte de nuestros trinos en el corcho.
Con afecto
MSR