
Cuando en 2018 Eduardo supo que iba a ser padre, empalideció unos segundos y musitó: «El peor resultado posible», antes de recomponer una sonrisa triste.
Su madre creyó entenderlo: Eduardo nunca había sido una persona paternal y miraba a los niños con una simpática indiferencia.
Su padre creyó entenderlo: Que fuesen a ser gemelos era algo que trastocaría la ya maltrecha economía familiar de su hijo.
Su mujer creyó entenderlo: Que la amniocentesis apuntase a trastornos cromosómicos de los fetos era algo que hasta a ella le aplastaba el corazón.
Pero solo Luis Vallejo, el proctólogo que hacía años había diagnosticado su infertilidad, lo entendió del todo.
Ganador del concurso de microrrelatos de Menéame en febrero