Leer a Benito Pérez Galdós en el siglo XXI

Enviado por maestresala el Mar, 17/11/2020 - 14:39

Galdos​

En  las  páginas  de  la  edición  matutina  del  diario ABC   del  5  de enero de 1920, escribía el poeta Marciano Zurita:

Al alborear la aurora de ayer cayó a los pies de la muerte, frío y tenso, el cuerpo gigante del glorioso patriarca. Ya sus ojos descansan para siempre en la sombra, y su alma, en el misterio. Ya se cerró su boca que tan poco habló, y se crispó su mano formidable, que de tantas maravillas fue creadora.

El gran escritor Benito Pérez Galdós había fallecido en Madrid a  las  tres  y  media  de  la  madrugada  del  día  4.  Todo  el  año  1919 constituyó, como le dijera el sobrino del novelista a un amigo de la familia,  «un  constante  apagamiento».  Muchísima  gente,  miles  de
personas, autoridades y anónimos, asistieron al entierro del día siguiente.  Fueron  unos  funerales  multitudinarios.  Tenía  76  años  y  dejaba  una  inmensa  y  valiosa  obra  literaria,  especialmente  en  el  campo  de  la  novelística,  que  lo  convierte,  sin  duda  alguna,  en  el  escritor español más importante después de Miguel de Cervantes.
Nacido en 1843 en Las Palmas de Gran Canaria, Galdós se instaló en  1862  en  Madrid,  una  ciudad  que  ya  no  abandonaría  excepto para viajar por España y Europa o para pasar largas temporadas en  Santander.  La  escritura  iba  a  convertirse,  poco  a  poco,  en  su
oficio; en su pasión y en su vida.Tras  unos  primeros  años  en  el  mundo  del  periodismo  madrileño, pasó a dedicarse profesionalmente a la escritura en la década de  1870.  Desde  entonces  y  hasta  pocos  años  antes  de  morir,  publicó  muchísimas  obras  –las  últimas,  dictadas,  a  causa  de  su  ceguera–,  en  especial  novelas  y  piezas  de  teatro.  Su  producción  puede  ser  agrupada  en  tres  bloques.  Primeramente,  la  serie  de  novelas  que  constituyen  los Episodios  Nacionales,  cuarenta  y  seis  volúmenes en total, desde Trafalgar (1873) hasta Cánovas (1912), un auténtico friso literario de la historia de España en el siglo XIX.
En los Episodios, anotó Azorín, Galdós llevó a cabo «la obra de revelar  España  a  los  españoles».  En  segundo  lugar,  las  novelas realistas y sociales que vieron la luz, sobre todo, en las décadas de 1880 y 1890, desde La desheredada 1881),  El amigo Manso (1882) y El Doctor Centeno (1883) hasta Nazarín (1895), Misericordia (1897) y El abuelo  (1897), sin olvidar, entre muchas otras, Tormento  (1884), Fortunata y Jacinta (1886-1887) o Tristana (1892). Algunas de estas novelas,  empezando  por Fortunata  y  Jacinta ,  se  encuentran  entre las  obras  cumbre  de  la  literatura  española  –y  universal–.  Finalmente, las novelas adaptadas a los escenarios y otras piezas teatrales  originales  como  Electra (1901), Alma (1902) o Celia  en  los infiernos, Alceste, Sor  Simona, El  tacaño  Salomón y Santa  Juana  de Castilla, estrenadas  entre  1913  y  1918.  Galdós  fue  un  autor  muy leído y apreciado en la España de su época. No recibió el merecido Premio Nobel de Literatura, aunque su candidatura tuvo algunas posibilidades de prosperar entre 1912 y 1917.
Benito Pérez Galdós estuvo plenamente comprometido con su obra, pero también con su tiempo. Se movió entre el liberalismo en el siglo XIX  y el republicanismo en el siglo XX. El peso del 98 no fue secundario, mostrándose cada vez más crítico con el régimen de la Restauración. Fue diputado sagastino en la década de 1880 y republicano en la nueva centuria. Entre 1907 y 1913 redactó y firmó numerosas cartas, peticiones y manifiestos políticos. Y participó en innumerables reuniones y mítines. Escribía Federico García Lorca que «yo recuerdo con ternura a aquel hombre maravilloso, a aquel maestro  del  pueblo,  don  Benito  Pérez  Galdós,  a  quien  yo  vi  de  niño en los mítines sacar unas cuartillas y leerlas, teniendo como tenía  la  voz  más  verdadera  y  profunda  de  España».  El  autor  de Fortunata y Jacinta y los Episodios Nacionales, auténtico español eminente,  contribuyó  de  manera  decisiva  a  la  construcción  nacional interna de nuestro país.
El  centenario  de  la  muerte  de  Benito  Pérez  Galdós,  llamado por algunos el año Galdós, 2020, ha distado mucho de ser un buen año. Los efectos a todos los niveles de la COVID-19 han deslucido la celebración,  reduciendo  aforos,  cerrando  puertas,  cercenando iniciativas y ayudas. Muchos actos se han aplazado a la espera de tiempos mejores. Es una auténtica lástima. Habrá que pensar, en un futuro no muy lejano, en recuperar la iniciativa y en volver a
dedicar un año conmemorativo a Benito Pérez Galdós y a su obra.
Me atrevo humildemente a sugerir el año 2023, 150 aniversario del inicio de la publicación de los Episodios Nacionales. De todas maneras,  algunas  aportaciones  significativas  han  podido  disfrutarse  o   entreverse en este raro año Galdós de 2020: una exposición en la
Biblioteca Nacional, con muchos visitantes mientras eso fue posible, que apostaba por lo seguro, esto es, incidir en los aspectos más populares, trillados y supuestamente reconocibles de Galdós; numerosos artículos sobre su obra, algún que otro sugerente ensayo y un par de biografías muy bien documentadas (Francisco Cánovas, Yolanda Arencibia) y, asimismo, una polémica sobre Galdós y su obra entre algunos escritores españoles contemporáneos, no sin
interés, pero que, en el fondo, con alguna honrosa excepción, ponía de manifiesto que el novelista de origen canario era poco más que  una  excusa,  algo  viejuna,  para  hablar  de  ellos  mismos  y  de sus opciones literarias.
Comoquiera que sea, lo más destacable hoy, cien años después de la muerte de Galdós, consiste en poder constatar que su obra sigue viva. Leer a Benito Pérez Galdós en el siglo XXI no es simple arqueología literaria. Esto ocurre solamente con los grandes autores. Con este dosier, Revista de Occidente se suma, con muchas y diversas lecturas, al año Galdós 2020, digno de mejor suerte pero no de mejor protagonista.

Jordi Canal

Añadir nuevo comentario

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de correos electrónicos y páginas web se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.