El roble y el ombú
Un zortziko de proyección internacional
El roble (árbol-símbolo de Euskal Herria) y el ombú (árbol-símbolo de Argentina) sirvieron de inspiración a la letra de un zortziko que se convirtió en una canción muy popular en Argentina durante la primera mitad del siglo XX, y que fue grabada en disco por solistas y coros tanto argentinos como vascos.
El autor de la letra y música fue el periodista costumbrista bilbaino Félix Garci-Arcéluz, conocido por el seudónimo de "Klin-Klon" (sonido producido por las fichas del juego de 'la rana' al golpear contra ésta). La composición fue escrita durante su transitoria estancia en Argentina, y se cantó por primera vez en el escenario del Teatro Colón de Buenos Aires - el primer coliseo lírico argentino, y uno de los más importantes del mundo - el 14 de septiembre de 1909, apenas un año después de su inauguración (Garci-Arcéluz fue obligado a subir al escenario para recibir los aplausos del público).
Su intérprete fue el famoso tenor vizcaíno Florencio Constantino (1868-1919), que donara a Argentina el teatro que lleva su nombre, inaugurado en 1912 en la ciudad de Bragado. También fue Constantino el primero en llevar "El Roble y el Ombú" al disco: lo grabó el 4 de octubre de 1910 en New York, y se popularizó muy pronto por ambas Américas.
Aquí, en el año 1914, se publicó en Bilbao la partitura con una ilustración del pintor José Arrúe (1885-1977), en la que aparece un gaucho con txapela tocando la guitarra, y una pequeña presentación del propio Garci-Arcéluz de la que está sacado este fragmento: "Vosotros, los vascos que habitáis esas generosas tierras americanas, cuando sentís en vasco, cuando cantáis vuestros zortzikos, expresáis también insensiblemente algo de esas melodías pampeanas de que está saturado el ambiente de vuestra Patria adoptiva. Esto es pues "El Roble y el Ombú": un zortziko con sabor a pampa".
Viejo árbol de Gernika
que al vasco ofreces tu sombra grata:
cunde en las bellas playas del Plata
tu alta virtud.
Y haz que este pueblo hermoso
que por sus hechos al mundo asombra
reciba siempre tu misma sombra
bajo el ombú.
Cuando en la Pampa quiero pensar
patria querida en ti...
la vidalita suelo cantar,
porque te siento así. (bis)
Por eso mis zortzikos
tienen sabor de pampa;
mis lánguidas endechas
me las inspiras tú.
Y en tan grata armonía
siento tranquila el alma,
porque te canto siempre,
siempre bajo el ombú. (bis)
La la, lará, la la, lará...
siempre bajo el ombú.