Marisa Medina

Queridos amigos,
Todo ocurrió anteayer, vagaba yo entretenido por la Termopilas cuando me lo dijeron, Marisa Medina acababa de morir.
Me trasladé inmediatamente a una tarde de domingo de hace varios lustros, Marisa gatuna y con aquella sonrisa de medio lado que tanto me turbaba presentaba a Rita Pavone que cantaría aquello tan bonito de Mio cuore,/Tu stai soffrendo/Cosa posso fare per te. Me llegó un ataque de nostalgia de esos incurables y no tuve por menos que revisar algunos videos que guardo de ella, en concreto uno del yutube donde presentaba la programación de un día de 1966. Esa voz sedosa, con las pausas donde se debía y aquella dicción que ya no se lleva y que echo de menos. Y sobre todo aquellas dos puntas de su media melena que se encrespaban hacia arriba, hacia el cielo. Aquellas puntas que prometían no sé qué maravillas soñadas y siempre prohibidas.
Luego de ensoñar leí que Marisa cayó en todo tipo de vicios cuando supo que ya no presentaría más. Que esnifaba raya tras raya con un Sabina prepotente, que perdía en partidas de póquer cantidades similares a la prima de riesgo de algunos países y que su única herencia conocida la formaban miles de mazos de póquer y una maquinita que las reparte.
Pero que también tuvo tiempo, ganas y talento para escribir varios poemarios más que dignos (la droga solitaria, Quien espera) y varios libros ("Tiempo de despertar" (1969), "La raza maldita" (1980), "Muñequita linda" (1981), "Rosas negras" (1995), "Prohibido para maridos" (2005) y Canalla de mis noches). Me molesté en leer algunos versos que encontré por algunos rincones oscuros y polvorientos:
"He muerto tantas veces, tantas muertes terribles y mezquinas, que me siendo divina
e inmortal. Si no ¿cómo es posible soportar el peso de la vida?"
Perderás la ruta de tu propia casa,
y herido de muerte por la luz del sol
serás un fantasma de aquello que fuiste
Y aquel versito que tanta admiración causó al simple de Umbral y mas escándalo entre los papanatas oficiales "se reflejó mi coño en tus pupilas"
En fin adiós Marisa, siempre nos quedaran las puntas levantadas de tu dulce melena rubia.
Con cariño,
J.