Las emociones y el intelecto

Todos sentimos que pensar demasiado puede ser agotador. Que nuestro cerebro nos somete a sesiones intensivas de pensamientos enlazados difíciles de dirigir, a veces incluso de digerir. Sería más conveniente sentir más y pensar lo necesario. Por ello todos buscamos maneras de descansar. Para mí, por ejemplo, pintar, crear es descansar. Sentir que salgo de un mundo que a ratos me place y apasiona, y a ratos me conmociona. Sentir que al empezar mi tarea creativa doy lo mejor de mí : la ilusión, la candidez, la inocencia que se cree perdida. Eso convierte las mañana en una aventura, las noches en un desenfreno medido (o no) y enriquecedor. De sensaciones buenas, siempre renovadas.
Yo pinto como compongo canciones, abriendo pequeñas ventanas a un mundo interior que quiere luz. Por el placer de los colores, de los olores, de los sonidos. Por el placer de la presencia pura, propia y contributiva. Por la inercia de un respirar lento. Los rostros, sus enigmas, los ropajes, sus cadencias, la fina arena esparcida al aire al paso de los rebaños. Si no puedo vivirlo he de pintarlo, he de cantarlo. Las nubes, sus caprichosas formas, los ríos y sus limos colorantes, los edificios y sus cornisas aéreas pobladas de halcones urbanos. He de soñarlos, he de crearlos a mi manera. Sub-realista; por debajo de, subvirtiendo ciertos órdenes que no acepto, que no entiendo o que me laceran.
Es un milagro pequeño pero muy importante para mí. Soy receptor de sensaciones cuando oigo música o veo arte que alguien realizó, quizá lejos y en otro tiempo. Esa vida, esa plenitud, me llegan , me alientan.
¿Es demasiado osado pretender devolver algo de los recibido, con mis toscas herramientas, a mi manera?