Este sabádo, Paz en la guerra de Miguel de Unamuno

Estatua de Unamuno en Santurce
El día en que más gozó por entonces fue el de San Miguel, en que los bilbaínos, no pudiendo salir como otros años a la romería de Basauri, se la llevaron al Arenal de la villa. Fue un septiembre tranquilo y dulce, habían vuelto a la villa muchos de los medrosos que salieron de ella a los primeros apuros. El rótulo de Se prohíbe la entrada, puesto a la puerta del cementerio, excitaba el buen humor de don Miguel, que a tal propósito repetía :
- Ni siquiera nos dejan el inalienable e imprescriptible derecho de morirnos.
Aquel plácido día del sosegado otoño de las montañas, en que el sol, cernido por disuelta telaraña de neblina, llueve como llovizna lenta de recogida luz, sobre el campo, fue día en que el solterón gozó con el placer de todos, con lo que los demás gozaban.
Paz en la guerra Miguel de Unamuno
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Miércoles diecinueve de marzo de los corrientes
Queridos amigos,
El sábado Unamuno fue el protagonista de la tertulia y como Don Miguel es mucho pan para una tortillita de apenas hora y media se quedaron cientos de cosas en el tintero. Entre ellas la transcripción histórica del episodio del 12 de Octubre de 1936 en la Universidad de Salamanca, con el famoso enfrentamiento dialectico entre Unamuno y Millán Astray. Para paliar en lo posible semejante carencia os adjunto a esta unas cuartillas con el desarrollo pormenorizado de aquella infausta jornada. En el tintero también decantaron asuntos de los que igualmente Unamuno nos advirtió en tiempo y forma como son: el problema catalán (al problema vasco desde el punto de vista unamuniano ya nos aludió N. con aquello de la castellanización de el País Vasco que para Don Miguel era necesidad y hoy resulta un obstáculo); la mala integración de las periferias en el Estado; la reforma agraria; la emigración del campo a la ciudad; las guerras (civiles principalmente, objeto en primera persona del libro del mes); el problema del retraso español que tiene múltiples explicaciones pero que no se hubiera producido sin la impagable colaboración de una aristocracia haragana y un clero fanático y con poca fe; el egoísmo europeo, alemán mas bien, basado en un pensamiento único y positivista sin rastros del humanismo renacentista (qué hay más de actualidad que esta denuncia reiterada por Don Miguel en cientos de anotaciones); y muchos más que no cito por no aburriros.
Aprovecho esta ocasión para endilgaros el siguiente poema de la lista de cien. Comenzamos una mini serie sobre el cancionero tradicional (fenómeno a la altura del Romancero. Leí por ahí a estudiosos de la cosa que esos dos capítulos de nuestra historia literaria son los dos únicos auténticos y realmente innovadores, ¡viva!). Empezamos por una hermosa cancioncilla, acaso villancico, por qué no jarcha titulada En Ávila, mis ojos. Cinco versos con un solo verbo, con su glosa y todo. Estremecen los ojos que miran desde dentro, desde el alma y que probablemente presenciaran el asesinato (seguro que impune) de un amigo, del amigo, de la conciencia. Cien mil explicaciones para este micropoema y estoy seguro que vosotros, amigos, también tenéis la vuestra que estoy deseando conocer (es de esos poemas que pueden explicar los sentimientos humanos más variados). No he encontrado ninguna población española que se llame Ávila del Rio. Otro misterio que exige explicación: acaso sugiere el rio que es la vida y que termina -gracias a Manrique- ya sabemos cómo. Decídmelo vosotros, caros.
Con cariño,
J.
En Ávila, mis ojos,
dentro en Ávila.
En Ávila del Río
mataron a mi amigo,
dentro en Ávila.