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Despedida a Mandela

Enviado por maestresala el Lun, 16/12/2013 - 00:05

 

 

Me pregunto qué es más difícil, explicar el mundo o entenderlo. Y me respondo que es mucho más complicado lo segundo. Nuestro mundo es explicado muchas veces al cabo del día, basta con abrir un periódico, poner la radio, escuchar una tertulia o simplemente tomar un café mientras oímos las conversaciones de los que están a nuestro lado. Entender ese flujo de información que tantas veces llega de arriba abajo es otra cuestión. Se pueden explicar las desigualdades, las injusticias, la enfermedad y el odio; podemos explicar el hambre, el maltrato que sufren las mujeres, los ancianos y los niños en tantas partes del mundo; podemos explicar la mentira, la traición y la soberbia que con naturalidad practican los poderosos, pero es imposible entender todo eso por mucho que disfracen aquellos que dicen una cosa y hacen otra. Las palabras, que deberían ser sagradas, lo aguantan todo, pero los hechos no. Por sus obras conoceréis, decía el evangelista Mateo. Y una verdad como esta sigue siendo válida y necesaria hoy. Los hechos, ay los hechos, cómo nos retratan, con qué perfección nos dibujan. Al ver el saludo entre Obama y Castro he visto los hechos antes que la imagen.
Siento un cierto rubor al escribir sobre Mandela. Primero porque ya no hay nada que decir. Tampoco caben ya más mentiras en los que lo ensalzaron. Mandela se explica con algo que me recordaban ayer : era un gobernante que supo abrazar con la mirada los acontecimientos. Tengo mis dudas de que alguien tan sobrio quisiera un funeral como el que la han organizado. Un espectáculo en el que los oradores tomaban la palabra para ensalzar cualidades que ellos no tienen ni tendrán.
Resulta curioso que tanta efervescencia mediática vaya a concentrarse en la foto en la que Barack Obama saludaba atentamente a Raúl Castro. Quiero que me entiendan bien antes de seguir y por eso diré que estoy cerca de Obama, y que es un lider al que entiendo cuando explica el mundo en el que vivimos. pero esa foto es una mentira. Una gran mentira. Es simplemente una vergüenza que los medios han vendido triunfalmente. Ah, por fin y después  de más de 50 años dos presidentes, uno norteamericano y otro cubano, se dan la mano. Estoy seguro de que fue Obama quien buscó el saludo. Puedo entender que creyera que era lo mínimo que podía hacer en  un acto en el que se homenajeaba a alguien que hizo del perdón y la reconciliación su bandera. Es más, si vuelven a la foto, verán que el ojo del periodista es el pincel de Velázquez cuando pintó la  Rendición de Breda: Obama, como si fuera el victorioso general Spínola, agacha la cabeza ante el anciano dictador Raúl Castro. El mundo aplaude esa foto, la foto del bochorno. Uno tiene las cárceles cubanas llenas de mandelas, el otro un Guantánamo con decenas de mandelas sin juzgar y en condiciones inhumanas. Sí, ¿ven?, el mundo se puede explicar con mentiras. Entenderlo es otra cosa.

 

Félix Madero

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