Javier Tomeo in memoriam
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La ciudad incendiada
El fuego cae del cielo como una maldición y la vieja ciudad episcopal empieza a arder como una tea. De nada sirve que las iglesias y los conventos hayan puesto a voltear todas sus campanas. Las llamas avanzan desde la periferia al centro.
Nadie quiere morir abrasado. La gente coge los coches y se larga antes de que sea demasiado tarde. Algunos cargan con las jaulas de los jilgueros y los periquitos. Otros abandonan los pájaros a su destino. Los perros siguen a sus dueños, pero los gatos se preparan para hacer la guerra por su cuenta.
- De acuerdo - me digo-. Yo también me largo. No quiero ser un héroe.
Llamo a Simbad el Marino que vive tres travesías más abajo, en el barrio de los pescadores, y le propongo que haga conmigo su octavo viaje, es decir, el viaje que nunca hizo.
- Mientras la gente que huye colapsa las carreteras - le propongo-, nosotros huiremos por mar en un hermoso balandro y nos refugiaremos en una isla virgen. De algo, pienso yo, nos ha de servir tu experiencia.
- Ya no quedan islas vírgenes, amigo mío - dice Simbad, acercándose demasiado el teléfono a los labios.
- Déjate de tonterías - insisto -. Nadaremos en aguas transparentes entre peces exóticos.
- No quedan peces exóticos - suspira Simbad -. Todos aquellos fastuosos peces de antaño se convirtieron en sardinas.
- No importa. En ese caso nadaremos entre sardinas.
- Tampoco hay aguas transparentes. Ayer noche naufragó el último petrolero que estaba en servicio y el mar es ahora una mancha negra.
- No te creo - le digo.
- Si tanto te empeñas - dice Simbad - iré a tu casa y estudiaremos sobre la marcha que es lo mejor que puede hacerse. Estaré contigo dentro de una hora.
Vamos a ver si es cierto. No las tengo todas conmigo. Las llamas están ya muy cerca y Simbad es un hombre informal donde los haya.
Javier Tomeo
Julio Manegat fue el descubridor y primer valedor de Javier Tomeo, reseñó su novela El cazador, por lo que le dolió que la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña (tenía el carnet de socio número 1), cuando homenajeó al escritor aragonés, no contara con él.
Fernando Valls
