Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana

Queridos amigos:
Después de las divertidas historias de Saki, el copero, me atrevo a continuar mi irregular periplo por los 100 mejores poemas en español con otro "copero", el Marques de Santillana que lo fue del rey Alfonso V de Aragón. Adelantado a su tiempo, político intrigante y fiel a partes iguales, de gran poder en Castilla y Aragón y precursor del Ducado del Infantado, perteneció a una familia de origen vasco y de una cultura extraordinaria. Nuestro buen Iñigo Lopez de Mendoza que es así como se llamaba dulcificó el aburrimiento propio de las gentes de alta alcurnia, no comprando estolas o haciendo rabiar a damas bobitas sino leyendo, escribiendo y cultivando las formas poéticas que se estilaban por aquellos reinos tanto cultas como sobre todo vulgares. Y le tenemos que agradecer la recuperación de obrillas de origen morisco que se escuchaban por los caminos y plazas y se cantaban después en tabernas y fogones. Fue un romántico humanista precursor de lo que luego harían los músicos románticos en Alemania con sus canciones populares, los famosos lieder, esto es elevarlas a la categoría de poesía culta.
Este villancico (propio de villanos, aunque ahora lo relacionemos con la Navidad) o pseudo serranilla que os regalo es una delicada composición, un montaje eficaz a partir de varios villancicos especialmente famosos. Como dice Lapesa (compendiador de aquellos poemas): "el engaste de estribillos tradicionales en un poema aristocrático responde a la amorosa dignificación de lo popular de que son muestra las serranillas y más tarde los Refranes que dicen las viejas tras el fuego"
No quisiera dejar de lado una mención a las famosas serranillas que se relacionan con encuentros de serranas misteriosas y simples con personajes de la aristocracia a lo largo de viajes a lugares de especial significancia que se describen o citan en el poema y que suelen terminar en escenas de amor. Luego estas serranas quedaban en la leyenda popular como personajes misteriosos y hasta míticos. Ése es el origen de la leyenda de La Serrana de la Vera, quien, al parecer, embriagaba a los viajeros, les hacía el amor y cuando se desmayaban de sueño, los degollaba y guardaba sus huesos en su cueva. Este argumento dio origen a no pocos romances y piezas teatrales del Siglo de Oro, especialmente la comedia la Serrana de la Vera de Luis Vélez de Guevara. Os adjunto una de las más antiguas recopiladas por Menendez Pidal, anterior a 1420 y altamente sugerente :
Yo me iba, mi madre,
a Villa Reale,
errara yo el camino
en fuerte lugare.
Siete días anduve
que no comí pane,
cebada mi mula,
carne el gavilán.
Entre la Zarçuela
e Daraçután
alçara los ojos
hazia do el sol sale.
Picara mi mula
fuime para allá;
perros del ganado
sálenme a ladrar;
[vide una serrana
del bello donaire.]
-Llegaos, caballero,
vergüença no hayades;
mi padre y mi madre
han ido al lugar,
mi carillo Minguillo
es ido por pan,
ni vendrá esta noche
ni mañana a yantar;
comeréis de la leche
mientras el queso se hace.
Haremos la cama
junto al retamal;
haremos un hijo,
llamarse ha Pascual:
o será arzobispo
Papa o cardenal
o será porquerizo
de Villa Real.
¡Bien por vida mía
debéis de burlar!
Ya veréis que este Villancico está lejos de ser una composición como la Serranilla, ya que está dedicado a sus tres hijas y en su contenido a parte de cierta coquetería femenina no se atisba, ni folgares, ni na de na.. En él Don Iñigo utiliza redondillas de arte menor ABBA delicadas y emparentadas con las canciones populares en un tono más culto mezcladas con los diálogos de las hijas y del admirador oculto.
No hay mucho que decir sobre el contenido del poema, tan solo envidiar a aquellos afortunados por haber conocido (de las dos formas posibles) a las hijas del Marques (y haber heredado sus haciendas, añadiría). Serranilla (Villancico) que hizo el Marqués a tres hijas suyas :
Por una gentil floresta
de lindas flores e rosas,
vide tres damas fermosas
que de amores han requesta.
Yo, con voluntad muy presta
me llegué a conoscellas.
Començó la una dellas
esta canción tan honesta:
Aguardan a mí:
nunca tales guardas vi.
Por mirar su fermosura
destas tres gentiles damas,
yo cobríme con las ramas,
metíme so la verdura.
La otra con gran tristura
començó de sospirar
[e] dezir este cantar
con muy honesta mesura:
La niña que los amores ha
sola, ¿cómo dormirá?
Por no les fazer turbança
non quise yr más adelante
a las que con ordenança
cantaban tan consonante.
La otra con buen semblante
dixo: "Señoras de estado,
pues las dos aveys cantado,
a mí conviene que cante:
Dexadlo al villano pene:
véngueme Dios dele."
Desque huvieron cantado
estas señoras que digo,
yo salí desconsolado,
como hombre sin abrigo.
Ellas dixeron: "Amigo,
non soys vos el que buscamos,
mas cantad, pues que cantamos."
Dixe este cantar antiguo:
Sospirando va la niña
e non por mí,
que yo bien ge lo entendí
Con cariño,
J.