Añadir nuevo comentario

Medardo Fraile se fue

Enviado por maestresala el Vie, 29/03/2013 - 21:13

 

 

11 de marzo de 2013

 

Estimados:

A algunos de los mencionados por el Profesor llegué a conocerlos subidos a un escenario, sin embargo a Medardo Fraile tuve la fortuna de conocerlo en persona. Fue en el año 2004 en un curso de verano en El Escorial, un curso de Escritura Creativa que tanto valora nuestro querido Presidente. Lo daban al alimón él y Jose Mª Merino.
Medardo era ya hace casi nueve años un vejete tímido, de ojillos pícaros y rostro de duende malévolo. Hablaba con una gran retranca de los ingleses y sus costumbres, del desprecio que sentía por su hipócritas actitudes y de su pésima cocina. Sólo el amor a su mujer le mantenía allí, aunque  reconocía que en su momento, 40 años atrás, se fue del país en cuanto pudo, asfixiado por una dictadura que abolía la capacidad de crear; al menos coartaba la suya. También hablaba de literatura, de la escritura, y aceptaba su práctico anonimato en España con estoicismo a pesar de que era reconocido como un clásico en vida. Fue un placer compartir aquellos cinco días con él. Como anécdota graciosa me gustaría contar la de aquel día en que cenó con el grupo al que enseñaba. Éramos doce y justo enfrente le tocó una joven agraciada y de pecho prominente. Hubo un momento en que Medardo le preguntó si había acudido los días anteriores al curso, pregunta curiosa porque todos nos habíamos presentado e incluso habíamos llegado ya a leer algunas de los textos que habíamos escrito. Ella, sin cortarse ni lo más mínimo, le espetó que no le extrañaba que no recordara su cara porque en ningún momento había llevado sus ojos más arriba de sus pechos. El pobre hombre se quedó totalmente cortado. En la noche de despedida (la joven ya no estaba) reconoció que algo de razón había tenido en su crítica, pero es que otra cosa no, pero las mujeres... Durante aquellos días también reconoció que nunca más daría un curso porque se daba cuenta de que sus facultades mentales ya no eran las de antes. Una muestra más de su modestia porque era capaz de encandilarnos a todos con sus anécdotas.
Y sí, también leí sus cuentos, pequeños artefactos de relojería, con gusto. No así su autobiografía, que ahora buscaré con desesperación. Al año siguiente le vi en la feria del libro de Madrid, en una caseta, totalmente ignorado por los visitantes. Así es este país. Cuando leí la noticia el domingo me sentí triste. Descanse en paz.

Salud

R.

 

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de correos electrónicos y páginas web se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.