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La pregunta

Enviado por maestresala el Mar, 29/01/2013 - 22:09

 

 

Queridos amigos,

El recuerdo para Fernando Guillen, actor que comenzó de galán (como tantos otros) y acabó siendo un muy eficaz actor de carácter al que le ayudaba sobremanera esa voz profunda y modulada. Recuerdo su presencia casi continuada en Estudio 1 y en especial aquella entrega de Marie Curie que me entusiasmó. Era un actor de teatro que realizó incursiones en el cine y la televisión al calor de su buena prensa Almodovariana.
La pregunta surge de una reciente lectura de la historia de la Ilustración hispana. Parece ser que una cuestión abierta publicada en una Enciclopedia Francesa por un tal Masson originó una indignación absoluta entre algunos intelectuales y dirigentes españoles (los menos progresistas). El articulo comenzaba con una pregunta retorica que se contestaba a sí misma y que le ayudó concluir al autor que España era el compendio de los vicios políticos e ideológicos que era necesario combatir desde Europa (si España no lo acometía por si misma). La pregunta decía: ¿Qué es lo que se debe a España? ¿Qué ha hecho por Europa en los últimos dos, cuatro o diez siglos?
Polémico y hasta actual ¿verdad? Pues bien ahora mi propósito es pasaros la pregunta para conocer vuestra opinión al respecto de la duda suscitada por Masson, Don Nicolas.
 

Con cariño,

J.

oOo

Estimados Contertulios:

Interesante la pregunta que nos traslada el profesor. ¿Qué es lo que se le debe a España? Sí, es cierto, pregunta polémica y actual, si bien es cierto que quien la hizo dos siglos atrás hablaba de otra España, una aún poderosa y temida y que hasta no mucho antes imponía su ley en todo el orbe. Una pregunta lanzada desde el odio y el miedo posiblemente, la pregunta de un ilustrado que recelaba de la cerril y roqueña seguridad de la España imperial.
Hoy, sin embargo, esa pregunta no la haría nadie puesto que nada significamos aunque sigamos siendo un compendio de vicios políticos e ideológicos. La diferencia es que antaño queríamos imponer esa suma como el modelo a seguir por las naciones y hogaño nos limitamos a ahogarnos es esa purulenta amalgama, quizá solo mierda. Somos el hazmerreir de medio mundo y todavía no nos hemos dado cuenta. Manuel Vicent, admirado por quien esto escribe, lo explica mucho mejor que yo en su última obra "El azar de la mujer rubia", y si andáis escasos de tiempo, en su columna del último sábado cuyo enlace copio y pego a continuación:
 

LA DIASPORA

Ningún cerebro humano es mejor que otro al nacer, en cualquier rincón del mundo. El cerebro es, sin duda, la principal fuente de riqueza, la única energía realmente sostenible, renovable e inagotable. España se ha permitido el lujo de tirar cerebros a la basura durante siglos, lo que equivale a un crimen histórico contra la inteligencia, el mismo delito que se comete hoy cuando se recorta el presupuesto de educación. Recuerdo a algunos compañeros de escuela en el pueblo, cuyo talento fue desperdiciado por la pobreza y la incuria de la posguerra. Eran inteligentes, despiertos, ávidos por aprender. Pudieron haber sido ingenieros, médicos, científicos. A varias generaciones de niños como aquellos con los que yo jugaba en el recreo, la España negra solo les dejó las manos para trabajar. En pleno franquismo tres millones tuvieron que irse de peones a Europa. Sucedió lo mismo cuando en plena fiebre del ladrillo España se vio inundada por oleadas de inmigrantes. Nuestro territorio se hallaba situado en el lugar geográfico ideal: a solo 11 kilómetros de África, con la ventaja del mismo idioma para los latinoamericanos y un sol de invierno radiante contra el frío de los países del Este y encima en este caso tampoco se requería ninguna preparación, ninguna ciencia, solo las manos para subir al andamio, servir copas, recoger fruta y limpiar retretes. El desprecio de nuestro país por la inteligencia ha producido varias diásporas. En el siglo XV los cristianos expulsaron a los judíos; la Inquisición llevó a la hoguera o metió en las mazmorras a quienes se atrevían a investigar. Los sucesivos espadones del siglo XIX llenaron Francia e Inglaterra de liberales españoles que huyeron para salvar el pellejo, entre ellos Goya y Blanco White, pero eso no fue nada si se compara con el medio millón de republicanos que fueron brutalmente condenados al exilio al final de la Guerra Civil junto con nuestros mejores intelectuales, escritores y científicos. Ahora llega la última diáspora. La desidia y el desprecio por la inteligencia están produciendo una fuga de cerebros. Jóvenes científicos, biólogos, ingenieros, tenazmente preparados aquí, cuya energía intelectual es la única fuerza genuina para salir de la crisis, se van fuera a dar sus frutos. La maldición de siempre.

 Manuel Vicent

Salud

R.

 

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