Miliki

Queridos amigos,
"Sin temer jamás al frío o al calor el circo daba siempre su función" . Susanita, Turuleta y el chino del alma están de luto y lloran un poquito. Y me han dicho que el barquito de cascara de nuez sufre una vía de agua, quién sabe qué será de él. Artinatas de los sábados por la tarde descansen en paz...
Y eso que yo era más de Fofó.
El pasado sábado a eso de las seis de la tarde mientras llovía despacio Manolo Escobar anunció que abandonaba los escenarios definitivamente y se llevaba el carro y la minifalda. Mientras escuchaba el anuncio y Mª Teresa Campos le doraba la píldora yo meditaba sobre el fin de un tiempo, de una época...Mi abuela adoraba al bueno de Manolo, consagraba sus tardes en la lejana Flandes a escuchar singles del casposo tonadillero mientras lloraba la ausencia del emigrante, la saudade. Recuerdo varios de ellos que acabaron en mis manos y en mi trastero: Que viva España (una canción casi franquista), La Minifalda, El carro, Porromponpero, Madrecita y otros.
Todos con una portada de diseño burdo e ingenuo a la vez. Canciones de ínfima calidad con letras castizamente escandalosas entonadas con esa voz nasal y ese porte torero que tanto gustaba a muchos españoles que le compraron a más de sesenta millones de discos, ahí es nada. Todavía llenaba el de El Ejido, emigrante también a aquella Badalona de los cuarenta donde ya se sentía el humus de la rumba catalana. En fin se muere parte de mi educación sentimental, casposa sí, pero mía.
Con cariño,
J.
Estimados:
El retiro de Manolo Escobar me deja frío, indiferente e incluso inane. Nunca entendí que no le gustase que su novia fuese a los toros con minifalda, qué queréis que os diga. Otra cosa es lo de Miliki; cuando escuché la noticia ´di un bote en el sillón. A pesar de los años que han pasado sin que haya sabido ni me haya interesado por lo que hacía, al oír de su muerte sentí como si una puerta se cerrara, como sí mi niñez quedara definitivamente perdida, como si de repente hubiesen pasado 30 o 40 años y mis dedos ya no puediesen tocar más ese rinconcito de la memoria, aquellos sábados por la tarde al lado de la pantalla en blanco y negro, disfrutando de las aventuras de los payasos y del señor Chinarro, entonando canciones que con los años han desvelado significados ocultos e impresionantes. Esa noche soñé con muertes, entierros y duelos.
Salud
R.