Poesía ¿para que?

¿Poesía por qué y para qué? Digamos que poesía porque sí. Porque necesitamos decir no. La poesía puede ser una forma magnífica de decir no. Incluso a veces es la única manera de decir que no. Porque no hay otra. Porque es barata. No necesita antenas, baterías ni cables. De manera que puedes escribir un poema para decir que no en estos tiempos de pensamiento único y de unanimidades sospechosas. No a los engañadores de la teletienda, pongamos por ejemplo. Entonces escribimos un poema para decir que no nos interesan los mercachifles de la televisión. Y tampoco los otros, aunque seguramente son los mismos. Podemos escribir ese poema o podemos leerlo o escucharlo. Da exactamente igual. Escribirlo, leerlo o escucharlo. Los poemas se extienden y se expanden y acaban siendo anónimos cuando son realmente necesarios, es decir, absolutamente necesarios. Los poesía es inútil, eso dicen, eso creen algunos tíos listos. Pero a veces lo inútil resulta imprescindible. ¿Poesía por qué y para qué? Digamos que poesía porque sí. Porque necesitamos decir sí. Porque es preciso que nuestras palabras nos digan lo que saben de nosotros. No es ningún acertijo. Un poeta escribió que la poesía pregunta cuando nadie responde y responde cuando nadie pregunta. El secreto de la poesía –me dice Julia Otxoa, una poeta amiga- pertenece más al náufrago que al navegante. Yo le doy la razón y sigo naufragando y me sigo salvando cada vez que escribo un poema para decir que no, para decir que sí, para decir que puede o que tal vez. Porque la poesía, pese a todo, es lo mejor que nos puede pasar.
JOSÉ FERNÁNDEZ DE LA SOTA