Indígenas olímpicos
En el calor resplandeciente del desierto del centro australiano, los niños aborígenes pitjantjatjaras dan volteretas y giran en una exhibición de sus habilidades acrobáticas.
Más rápido, más alto, más fuerte fue el lema que Pierre de Coubertin, fundador del Comité Olímpico Internacional, acuñó para los Juegos Olímpicos. ¿A qué distancia puede saltar un hombre hamar?; ¿a qué profundidad puede bucear un buscador de perlas bajau?
Las sorprendentes habilidades de los pueblos indígenas no son solo una medida de cuán rápidos, altos y fuertes podemos ser como seres humanos (donde yacen nuestros límites mentales y físicos), sino también un indicador de la extraordinaria diversidad de la humanidad.
A medida que el mundo occidental se vuelve cada vez más homogéneo, sedentario y alejado de la naturaleza, todos podemos aprender de los pueblos indígenas. Durante miles de generaciones han prosperado, dependiendo únicamente de sus propios recursos, y sus modos de vida siguen estando ampliamente esculpidos por su entorno natural.
Los pueblos indígenas pueden desempeñar un rol vital en el mundo del mañana, dice Stephen Corry, director de Survival International. Ellos nos muestran quiénes somos en relación con los demás y con los animales, las plantas y la Tierra que nos rodean. También nos demuestran, con su destreza para el buceo, la caza, la natación, las carreras o para montar a caballo lo que significa ser ágil, adaptable e ingenioso.
En definitiva, al igual que los deportistas de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, nos enseñan lo que es ser humano.
Joanna Eede