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Diarios II (año 2000)

Enviado por maestresala el Lun, 22/11/2010 - 13:15

Se le pueden decir burradas. No se inmuta. Está siempre en contacto con lo peor del ser humano. Es el agua de su piscina.
 
Ni espíritu de sacrificio, ni afán de superación, ni aspiración a la excelencia. Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
 
Muchos de los que critican indignados lo mala que es la educación no han vuelto a coger un libro desde que salieron del colegio.
 
Escribir aquí y leerme a mí mismo, dos narcisismos que no sé si serán buenos a la larga, pero que me sirven de momento.
Escribo, además, para intentar circunscribir un mundo que, con la edad, se me va haciendo cada vez mayor. Cada día tengo más la sensación de saber menos, de ver a menos gente y entenderla peor, de que todo es más grande, lejano e incomprensible. Y que cada vez tengo menos tiempo. De joven todo parece más pequeño, más explicable, más alcance de la mano, aunque no sea inmediatamente. Por ejemplo, una novela es esa novela y no parte de la Historia de la Literatura, de esa Historia que ahora sabes que nunca llegarás a abarcar y conocer en su totalidad. Un amigo es un amigo y no es una maraña inextricable y monótona en lo que se convierte más tarde. Te enamorabas y no había más chicas en el mundo. Luego es cuando te enteras de que hay millones.
 
No sólo tiene los pies en la tierra, sino todo el cuerpo, como las serpientes.
 
María dice que yo no conozco a tontos. Y algo de razón tiene. Es una de las ventajas y de los inconvenientes de no trabajar y de relacionarme sólo con quien quiero.

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