
La razón que explica el declive moderno de los sentimientos religiosos entre las distintas clases no es, como algunos sentimentalistas ingenuos creen, el aumento de la actividad intelectual, ni nada de ese género; en una pequeña minoría puede ser la causa, pero la gran masa de los no creyentes son inmunes a esa menor actividad. El declive de los sentimientos religiosos en las sociedades modernas es simplemente una expresión de la degeneración social subyacente, una de las manifestaciones de la incapacidad de aplicar la mente a cosas serias. Respeto al hombre que, mediante el pensamiento y el aprendizaje, honesta y conscientemente abandona la fe cristiana o cualquier otra fe; le rindo honores por apartarse de ideas alentadas por el tiempo, de maneras arraigadas de pensar y sentir. Pero no admiro ni al ateísta común, cuyo descreimiento deriva de su incapacidad de pensar una cosa seria. Y existen razones puramente degenerativas para explicar el declive de los sentimientos religiosos.
Sabemos que Tom, Jack o Harry puede darnos razones para no creer, pero también sabemos, y muy bien, que esas razones, en vez de preceder el descreimiento en la mente de ellos - de los ya mencionados T., J. o H -, surgen después, y real y fundamentalmente son de la misma naturaleza que las excusas.
La enfermedad moderna es el diletantismo, y el ateísmo o descreimiento es una de las manifestaciones más evidentes. El diletantismo es esencialmente una incapacidad de aplicar la mente durante largo tiempo a algo, o a cualquier cosa seria o de peso; es un sustituto de la superficialidad, de la imaginación pura.
[...]
Se me ocurrió la idea de que la pintura pueda ser sustituida un día por la fotografía, la escultura por un arte más grosero de fundición, pero algo así no sucedería con tanta facilidad con la música y nunca con la poesía. ¿Acaso ésta no sería una buena prueba del valor de las artes : la altura dificultaría que se acerquen a las mecánicas?
Escritos sobre genio y locura Fernando Pessoa