Blas divino

Enviado por maestresala el Mié, 27/04/2016 - 15:16

 

 

Todo el amor divino, con el amor humano, 
me tiembla en el costado, seguro como flecha. 
La flecha vino pura, dulcísima y derecha: 
el blanco estaba abierto, redondo y muy cercano. 

Al presentir el golpe de Dios, llevé la mano, 
con gesto doloroso, hacia la abierta brecha. 
Mas nunca, aunque doliéndose, la tierra le desecha 
al sembrador, la herida donde encerrar el grano. 

¡Oh Sembrador del ansia; oh Sembrador de anhelo, 
que nos duele y es dulce, que adolece y nos cura! 
Aquí tenéis, en haza de horizontes, mi suelo

para la vid hermosa, para la espiga pura. 
El surco es como un árbol donde tender el vuelo, 
con ramas infinitas, doliéndose de altura.

 

Cántico espiritual Blas de Otero (1942)