
Manifiesto
Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío
Juan Gelman
Setenta veces siete aireo el corazón para llegar a conoceros, y a desnudarme en los lugares que cobijan la raíz de vuestros nombres, para sentiros cerca y creerme realizado, entrelazado con el orbe que me habita y con el tuétano del verso que visito.
Quiero escribir sin parafrasear la luz, quiero habitarla y que me habite. Quiero tener presentes las circunstancias y las sangres de los otros, y la frecuencia de sus sístoles, porque mi oficio no consiste en zurear en el espacio destinado a las palomas ni perorar con demagogia en los atriles.
Este oficio requiere de un esfuerzo que propicie los axiomas del café que mantiene la hidalguía de los pobres. Este oficio pretende la denuncia de soberbias excluyentes, de panoplias perpetradas y el rechazo de los gestos inocentes.
Ser poeta es exigir la dignidad que abrace eternamente la utopía. Sentir la risa de los niños y comprender por qué se apaga a lo largo del camino. Fijar al aire el dedo que señala la injusticia, vivir con esa música que nace de la sangre. Subir los peldaños en la escala de la vida y ganar en argumentos, considerando los aspectos de la sombra.
Ser poeta, o intentarlo, no es otra cosa que ser hombre, errar y perdonar, aprender a conocer y a conocerse, desdibujarse para hacerse más infecto e intuir que en este mundo que se agota sobra sitio para pulsos más abiertos. Pero sobre todo errar como ahora yerro desde lo alto del ara que no tengo. Pedir perdón para nacer desnudo a la humildad, pues no es nuestro el camino que nos dieron, ni el cayado ni la túnica ni el perro...