
II
Una vida de náufrago.
Navegaciones sólitas,
hundimiento sabido.
De puerto en puerto asido
a los restos flotantes
de una lengua perdida.
Islas inexistentes,
recuerdos de recuerdos,
salvamento imposible.
Mar ajada
después de la galerna,
olas a solas, nada.
III
Se iban los días todos
llenos de nada.
En busca,
de lunes a domingo,
de tu final desde el principio
- desalados -
andaban.
VI
Recuerdas que olvidaste,
te olvidaste. Recuerdas
y no recuerdas. Pierdes
el tiempo, el aire, el agua
que no bebiste. Insistes :
adivinar quién eras no es tan fácil.
El personaje olvida los papeles.
Triza las cartas.
Borra los retratos.
Redacta informes falsos
que no lees
sobre papel mojado.
IX
El personaje se levanta y hace
como que agita una señal de vida,
como que parte un trozo de memoria
con la mano derecha muy clara
y decididamente,
como si decididamente
navegara,
existiera.
X
El navegante ocupa y desaloja
el espacio supuesto. Viene y va
tan decididamente, como
si pudiera zarpar y regresar
al lugar de los hechos. Acabar
en el mismo naufragio
antes de todo, antes
de siempre. Intenta
nadar hacia su infancia,
hacia su ausencia
(hay mala mar,
no hay puerto).
Jośe Fernández de la Sota