El príncipe de Lampedusa

Enviado por maestresala el Vie, 09/08/2013 - 09:49

Foto de Lampedusa

El escritor  había conseguido, finalmente, dejar de no escribir. Pero no había logrado publicar su novela [El gatopardo]. No sabía, por tanto, si se había convertido en escritor o si también en eso había fracasado. Estaba realmente fatigado, "contento de estar seguro de morir", le decía a su primo Piccolo. Cansado de estar vivo, de vivir en Palermo como un muerto. Cansado del cansancio. Harto de sus dolores y su insomnio. Estaba convencido, pese a todo, de haber escrito un libro necesario (al menos para él), aunque en algún momento le dijese a su primo que quizás la novela era sencillamente un disparate. [...]
El príncipe de Lampedusa no tenía vanidad, pero tenía orgullo : "Me gustaría que se publicase la novela, pero no a mis expensas". Pagar es humillante. Uno no se figura a Lampedusa entregado a la búsqueda de editores de pago ni a la caza y cáptura de prólogos. Había tardado una vida completa en hacerse escritor y al fin había contado lo que únicamente él podía contar. Después de todo, había logrado hacerlo, es decir, deshacerse de todos los recuerdos. Porque todo se pudre; la memoria se acaba pudriendo, igual que la ilusión y la fruta. Igual que las novelas que se idean y se van posponiendo y nunca se terminan porque ni tan siquiera se comienzan.

Tiempo muerto de José Fernández de la Sota