
¿Qué desea nacer?
¿El yo aún no nacido?
¿El yo después de muerto?
¿Dónde empieza a crecer,
en qué momento,
esta vacilación
del dónde,
el cuándo,
el quién?
No querer ser aún
en este río sin orilla.
Poder aún no estar.
Las heridas sin huella.
La tierra no pisada.
El aire que no sabe,
no nos sabe,
no está porque no estamos.
No hay principio,
está escrito
y borrado después:
el haz es el envés.
Y, sin embargo, existe
este silencio.
Aunque no existe
se oye su voz.
Lo ves.
Alba increada como trampa
aviesa. Deberías,
se dice el personaje,
no pensarla.
Lo inconcreto, lo inmenso,
el rumor de las cosas
no interesa.
Debería creerlo.
Más allá el gran cansancio de los días perpetuos.
No desear cumplirse.
No albergarse. Ser hueco.
Un vacío colmado. Nada
que se sostenga por sí mismo.
Un suceso que no sucederá.
¿Cómo se cuenta lo que no pasó?
Ser descontado, reducido, borrado
sobre el Graben, mucho antes
de aborrecer el Graben.
Lo que no comenzó,
¿podría terminar?
Vacilación de José Fernández de la Sota

El pensador (Franz Kafka)