
Queridos amigos,
German Areta me mira. Siempre me mira. Lo hace con esa mirada antigua y triste de inteligencia profunda. Quiero pensar que lo hace con afecto, afecto también antiguo que en mi caso ha medrado desde la más pura admiración. German Areta tiene más compañeros que también miran así o muy parecido, cada uno en lo suyo. Jose, el del chalet en la sierra que no entiende para que sirve, el chalet en la verde pradera del Guadarrama. Fendetestas que se nos puede aparecer en cualquier recodo del sendero. Pepe que se va a Alemania a hacerlas y se encuentra que estaban crudas y bañadas en repollo. Don José, el médico tierno y sensato que se rinde su territorio a la niña Teresa. Juanito Gomez que a lomos de su poderosa se va de puente a Torremolinos y le duele España. Sancho y su burro. Y el jefe de todos, Paco el bajo, cojitranco, el de la mirada más profunda y verdadera, la de la humillación.
Pero a mí me mira German Areta y acaso yo no pueda corresponderle. Acaso sean lágrimas.
Con cariño,
J.