
Amanecía. Viento galeno. Lejano, a proa, cruzaba un mercante aún con las luces encendidas, sonámbulo de la mar. Estaba el cielo despejado, la mar serena. Por el este, horizonte morado; por el oeste, una madeja de oscuridades y claridades lechosas. Punteaban al norte las estrellas postreras; al sur tenía el cielo un empaño que lo hacía cercano, tras el que se adivinaba su profundidad de espejo. Al sur las manchas negras de tres parejas de barcos que se acercaban buscando playa.
Gran Sol de Ignacio Aldecoa